No daba problemas, no molestaba a sus compañeros. El colonense Irving Saladino era un buen estudiante, según cuentan sus profesores.
En la escuela República de Uruguay y en el IPT de Colón, a Irving se le recuerda como un muchacho ejemplar, de buenas notas y amante del deporte, de acuerdo con quienes fueron sus maestros.
David Saladino, su padre, resaltó que él exigía a Irving y a sus otros hijos (David y Abdul) que estudiaran porque -manifestó- "el deporte pasa y lo que queda es lo que uno aprende".