Sin pasar por alto el debido proceso y respondiendo a un clamor general, la Comisión Nacional de Carreras emitió esta semana los primeros fallos condenatorios a los entrenadores que, en tiempos recientes, se vieron inmersos en el uso de sustancias proscritas por el Reglamento de Carreras.
Nunca hemos abogado porque se persiga a nadie y mucho menos para que se cometan injusticias. Hemos reclamado, como voceros del pueblo hípico, que no pasen inadvertidos aquellos casos en los que evidentemente se lesiona la credibilidad del espectáculo de las carreras de caballos.
Todavía resentimos el hecho de que hace tres meses se ganaran el 5 y 6 y que el caballo que más dinero pagó esa tarde (Othelo), resultara positivo tras los análisis antidrogas que hizo el laboratorio oficial. Como hípicos y deportistas sabemos que se gana y se pierde, pero duele perder cuando se descubre que quien nos ganó compitió con ventajas.
Estamos convencidos de que la subsistencia de las "carreras nacionales" está supeditada en gran medida a la fe que tengan los apostadores en el desarrollo y resultado de los eventos. Para ello cada una de las autoridades debe hacer su aporte desde su correspondiente esfera de acción y los comisionados así lo han hecho.
Se informó que los mozos de corral de los dos caballos que resultaron positivos con cocaína fueron sometidos a exámenes antidrogas resultando ambos positivos, lo cual confirma que los caballos fueron contaminados.
En este punto debemos llamar la atención de las autoridades competentes para que se redoblen los esfuerzos en materia de control y seguridad dentro del área de establos. Como en todas partes, hay gente buena y mala; hay individuos laboriosos y otros del mal vivir.
Urge entonces un ajuste en esta materia para que no paguen justos por pecadores y para que no cunda en el ambiente la impresión de que en el hipódromo todo el mundo anda con una jeringa en la mano o con la nariz metida donde no debe.