El Libro del poeta Edilberto González Trejos es un libro extraño; es decir, que supera lo ordinario, lo común, nos lleva a otra dimensión; es un buen golpe sorpresivo en la lectura; tiene un aire fresco e innovador, de alguna manera es una sacudida alentadora. Es un libro que comparado con aspira a más (eso creo); es más denso, es un libro que a pesar de la brevedad hay que prepararse para leerlo.
Es un libro circular que nace con un creador y cierra con un creador, nace con alusiones a los poetas y cierra con unos dioses, aunque en esos giros hay muchas posibilidades de salidas que son amargas y tortuosas; es decir, se puede salir de esa circularidad?
Por otra parte, pensando en lo estructural, es un poemario que nos lleva por cuatro estaciones como si de la vida se tratara. Como si cada hombre a su manera debe pasar forzosamente por cada una de estas partes: La primera nos detiene en el poeta y en su trabajo: la poesía, en la labor de creador. La segunda estación, la más corta, son los contrarios, los enemigos, el desasosiego; esas cosas que se tocan con guantes; pero que el poeta las trata con mucha estética. La tercera, es como una estación segura, pero llena de misterio y embrujo que deja un sabor a roca salobre; a pesar de que es música, la tranquilidad no es plena. Y la cuarta, es una salida que casi que nos deja sin nada a qué aferrarnos, nos procura un desconcierto...
¿Por qué se es aprendiz de Saturno?
Fue la pregunta que me hice antes de leer el libro, con solo leer el título; y me dije: a lo mejor porque se es un aprendiz que pertenece al Dios Saturno; o quizá porque se viene de ese planeta; o posiblemente porque se aprende de ese dios; o tal vez porque se es un aprendiz de Saturno como se es un aprendiz de brujo: que lo que trata se sale de las manos sin ningún control, aunque siempre con la pretensión de crear, con la pretensión de nominar?
A dónde nos lleva el poeta Edilberto González con este poemario de corto aliento que parece ser un apostolado de lo que dijera Gracián, lo breve si bueno, doblemente bueno, que también nos recuerda la brevedad de la poesía japonesa, en especial la estrofa del haiku, aunque nada tenga que ver con ella.
Sí, los poemas son breves y la poesía de Edilberto tiene un carácter sustantivo; hay un goce nominal instintivo al hacer menciones enigmáticas; hay una búsqueda por definir las cosas ?como si fuera un dios o un aprendiz?, el poeta siente que lo que está dicho o hecho no ha sido terminado, en todo caso es su nombre, lo que llevó a Platón a querer echar a los poetas de la ciudad (eran unos mentirosos, eran inventores).
Así la presencia del verbo ser o la elipsis de éste, da muestra de ello a lo largo del libro:
La noche es la ordalía de los poetas / La poesía es como hilo de luz/ Nuestro destino es dejar la casa en llamas/ La poesía es espejismo/ Su arte es triste/ El poeta es aprendiz de Saturno/ La palabra lerdo es su ritmo artesanal/ Ciertas almas son bautismo de humo/ Palabra de maíz soy/ La comedia es transgresión/ El movimiento es gozo/ La noche es un acto de fe/ Es la canción perfecta/ Ninguna y todas las mujeres es/ La arcilla no fue la de antes/ Hasta que un hoyo enorme me permita ser/ El Blues es compañero en el viaje/ La madrugada es tu viaje/ La música es un verdadero Pentecostés/ Cada persona que conozco es una música / Mis sandalias polvorosas son de todos/ Mundo es llama de dios/ Cuando Zaratustra era joven/ La paz era un héroe/ La paz era un cómic / Ahora somos un luto en la madrugada?1
Recordemos que el poeta siempre busca perpetuar las cosas, reinventarlas a través de las palabras, brindar la posibilidad de hacer ver, a quien lee poesía, desde otra esquina el mundo lo que le rodea. Es un compromiso por manifestar lo que no está dicho dentro de este mundo. Así lo entendieron los poetas antiguos islandeses y lo manifestaron a través de las kunningar, a quienes me recuerda hoy la poesía de Edilberto, aunque aquello lo hacían con símil y Edilberto lo hace con metáforas.
Aquí estamos frente a un nuevo libro que enriquece el acervo literario de Panamá.