El defensa brasileño Serginho, que murió el miércoles pasado de un paro cardiorrespiratorio cuando disputaba un partido de la liga, sabía que tenía una anomalía en el corazón y que corría riesgo su vida, pero no estaba dispuesto a abandonar el fútbol, se informó ayer.
Los médicos que atendieron al futbolista en junio pasado y que le informaron sobre los riesgos aseguraron en declaraciones al diario Folha de Sao Paulo que Serginho rechazó la posibilidad de abandonar el deporte y alegó que necesitaba sustentar a la familia.