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Si es que no ganamos para disgustos

Nos tienen en un sin vivir. En este país abrimos el ojito por la mañana con la angustia y el susto de no saber qué nuevo desaguisado


Mónica Miguel Franco (Antropóloga, actriz y escritora) / Antropóloga, actriz y escritora

Nos tienen en un sin vivir. En este país abrimos el ojito por la mañana con la angustia y el susto de no saber qué nuevo desaguisado se les ha ocurrido ahora. Porque unos por lo que hacen y otros por lo que dejan de hacer, aquí unos por otros y la casa sin barrer. Que he dejado pasar una semanita para ver si las aguas volvían a su cauce y todos nos serenábamos un poco, pero que esto estuvo de color de hormiga. Porque si todos nos enrocamos en nuestras posiciones nada puede funcionar en un país.

Menos mal que la Iglesia parece tener dos dedos de frente, anda al quite y calma los ánimos, porque si no, con los cabecicalientes que andan sueltos, podríamos llegar adonde nadie quiere llegar.

A mi me da la impresión, (claro, que yo no sé nada, no vayan ustedes a creer) de que están caminando por la cuerda floja, y el día menos pensando se van a encontrar con que, los corderos que durante años no han levantado el balido, de repente se ponen a repartir leña a diestro y siniestro. Y luego todos lloraremos lágrimas de sangre por nuestras libertades perdidas. Porque hay algunos falsos mesías que son expertos en pescar en río revuelto y ofrecen el oro y el moro como los salvadores de la patria cuando un país pierde la fe en la clase política. Háganme el favor y dejen de jugar con fuego. Mirémonos en el espejo de nuestros vecinos y a ver si aprendemos a controlar la avaricia, que es un pecado capital de los que mandan a un país directito al infierno de las dictaduras.

Eso mismo es, creo que lo que necesitamos en este país es que los políticos, los que intentan serlo, y sus respectivos asesores, aprendan de una vez que la avaricia rompe el saco. No solo avaricia de dinero, no (aunque también). Avaricia en todos los sentidos, de poder, de influencia, de reconocimiento o de algo más. Negocios turbios. Ocultar tu propia metida de pata señalando la del otro. Un minuto de fama, que salgan tus declaraciones en un medio, que comenten tu último Twitter o que tu ocurrencia más reciente sea aplaudida por un par de alienados no justifica la crispación que crean en el país. Y no es justo que nos hagan sufrir a todos para lograr un bálsamo para su ego hipertrofiado.

Aunque también les digo que los que mandan deberían recordar que esto, pues es una democracia, y que como su propio nombre indica, (¡ay, cuanta falta nos hace el griego en las escuelas!) estamos en un sistema donde el pueblo manda. Que sí, que el pueblo, así en bloque, suele ser un poco bruto, un tanto cafre y un pelín obtuso, vale, pero es lo que hay, y él manda. Porque si no fuera así, pues estaríamos en una aristocracia o en una plutocracia, y no estamos ¿verdad? Pues entonces miren a ver si escuchan lo que se les dice, que aunque una estupidez dicha por la mayoría puede que siga siendo una estupidez, aquí la mayoría es la ley. Y si la mayoría dice que no, pues a ver si hacen ustedes caso, y dejan de intentarlo y tratan de llevar lo que nos queda de legislatura de la mejor manera posible, porfisplís, que si no, además de flúor van ustedes a tener que ponerle pasiflorina al agua potable a ver si así nos calmamos todos y podemos encarar el día a día con un pelín más de tranquilidad.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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