Las cenizas de Mónica Licona descansan en paz. Ayer, en el sepelio, su padre Alberto Licona, muy conmovido, sacó fuerzas, y frente a una iglesia de Guadalupe -en la Calle 50- llena en su totalidad, se dirigió a los presentes.
"Quiero darles las gracias por todas las muestras de cariño y apoyo que hemos recibido durante estos días", dijo.
Luego de tomarse una pausa prosiguió: "Mónica disfrutó su vida al máximo, a plenitud. Nosotros como padres también la disfrutamos al máximo. Y el mensaje que le dejó a todos los padres que están aquí presentes y a los que no están, es que disfruten a sus hijos al mil por ciento, porque nosotros no sabemos en qué momento la vida da vueltas", expresó.
En un ambiente conmovido y con algunas lágrimas en las mejillas de los presentes, por el dolor de la pérdida, le llegó el turno de hablar a su madre, Elsie de Licona. "Yo no tengo palabras para expresar mi agradecimiento hacia todos ustedes por este amor que le han demostrado a mi hija. Gracias. Esto nos ha dado mucha fortaleza. No se imaginan cuánto".
Los amigos de Mónica también tendrán su recuerdo estampado en su mente, por siempre. Una de esas personas es María Cristina, su mejor amiga y vecina.
"Desde que conocí a Mónica recuerdo que llegaba a las clases, a las 7:00 de la mañana, con el cabello mojado de sus prácticas en la piscina. Cuando salía se iba a entrenar. Mónica amó a su familia, ella amó a su esposo, amó al deporte, quería que todos viviéramos del amor que ella vivía. Nadie entendió por qué hacía todo con apuros, ella siempre fue una fuerza imparable", recordó.
El sepelio contó con la asistencia de personalidades y dirigentes deportivos, además, de una resolución emitida por el presidente de la República.
Licona murió la mañana del domingo tras ser atropellada en la Avenida Balboa, cuando entrenada ciclismo, por un conductor, quien luego del hecho se dio a la fuga.