Las lecturas de Giovanni Papini resultan una lección tanto de literatura como de ejemplo de vida...
Ejercita con sus personajes y los ambientes en los que los hace enredarse con la maestría propia de su estro... Hace poco leí un texto suyo en el que recrea la crónica del Vía Crucis y el rol de Simón de Cirene en aquel episodio de gran trascendencia para el mundo cristiano.
El cireneo viene hacia la ciudad abrumado por los regaños de su mujer, abatido por la larga enfermedad que padece el hijo y limpio, esperanzado a que un amigo a quien prestó dinero se lo devuelva para atender la urgencia del primogénito.
A lo lejos, Simón ve la turba y a los condenados, se acerca sin querer queriendo y es cuando resulta elegido de a dedo, literalmente, para ayudar a cargar el madero de Jesús hasta el Gólgota. A regañadientes levantó el madero, ni siquiera, cuenta Papini, miró al condenado. Es más, lo culpó de estar realizando aquella faena…
La historia de las tres cruces continuó, y Simón regresa a la casa con sus mismos malestares. Pero esta vez la esposa le recibe con afabilidad, cosa que le llama la atención, pero acepta y pasa a la habitación del hijo que es un hilo consumido por la fiebre. Le abraza, el abrazo se extiende por algunos minutos y el hijo va mejorando, se fortalece y finalmente sana, para sorpresa de todos en la casa. El remate de la primera parte de esta historia es que el viejo deudor aparece para saldar cuentas.
Simón de Cirene se vuelve famoso por haber cargado el madero de Cristo y es bien visto ente los Apóstoles y los cristianos de la época. Pero el curtido Simón lo niega todo. No le parece que los prodigios ocurridos a su familia, de que fuera testigo en su propio hogar, tuvieran nada que ver con el episodio.
He aquí la enseñanza que me deja el escritor florentino, que muy bien se resume en el refrán: Haz bien y no mires a quien. O en la Ley de la compensación, de Justa Cecilia, mi madre, que me dijera algunas veces que “cuando hagas algo por alguien no esperes nada de vuelta de parte de esa persona. Son otros los que pagarán el favor”.
Esa chola era sabia… el cuento de Papini es un detalle.