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“So what”

“No des importancia a lo que escriban de ti, mídelo en pulgadas” Warhol Muchachito cándido, de ingenuidad pagana, rodeado de un campo magnético que irradiaba destellos


Ernesto Endara (Escritor) / PANAMA AMERICA

“No des importancia a lo que escriban de ti, mídelo en pulgadas” Warhol

Muchachito cándido, de ingenuidad pagana, rodeado de un campo magnético que irradiaba destellos multicolores propios de un gran artista; pero, al mismo tiempo, perseguido por opresivas sombras de infelicidad. Eso parecía el Andy Warhol que presentaron hace poco en Film & Arts. Aunque breve, resultó entretenido el documental de Andy. Lo vi como una antesala al juego Panamá-Jamaica. Después, el juego lo alterné con la trágica historia cinematográfica de Rod Lurie, que protagoniza Kate Bosworth: Perros de paja. Como me di cuenta de que no meteríamos gol porque faltaba Blas, el de hambre verdadera de anotación, me quedé viendo como se multiplicaba la violencia en aquel film que no dejó sangre por derramar.

Vuelvo a Andy. Fácil imaginar la desventura del famoso pintor de Marilyn y de las sopas Campbell. Patética su confesión de la incapacidad para desarrollar y vivir su latente homosexualismo. Tenía complejo de feo. Y, claro, para un homo ser feo parece ser una tragedia, no así para los heterosexuales, que tanto nos divertimos por encima de nuestra falta de belleza. El buen Andy pensaba que su nariz era demasiado roja y grande. Cosa que envidiaría yo (si respiraba bien). Con buen humor, pero sazonado con saudades, relata cómo en su primera relación, el compañero no le dio ni un beso. Triste. Sí, pero nadie como él ascendió tan vertiginosamente en el mundo de la publicidad. Sus dibujos estaban retocados por su genio. Un buen día decidió que no haría más publicidad, que sería un pintor famoso. No lo logró en un santiamén. La fama y la riqueza sólo pueden llegar de golpe ganándose un billete entero de la Lotería Extraordinaria. Pero cuando a Andy le llegó, se quedó con él hasta el fin.

El “so what” de Andy –¿y qué?–, reto bizarro y alegre, me gusta. Lo proclamó en un momento de lucidez superior, cuando comprendió que lo primordial de su existencia sería perseguir con afán la felicidad. Enseguida vino a mi memoria otro brillante inadaptado: Arthur Schopenhauer, el mismo que dijo con venerable altivez: “Las cabezas de los otros son un lugar harto despreciable para que resida en él nuestra felicidad".

Para el supersticioso e indolente Tito Piedra aquel so what quiere decir: “No te hagas mala sangre que la vida es muy corta».


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899245
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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