No voy a escribir sobre la decisión de Benedicto XVI porque Neco Endara y Aullido de Loba se me adelantaron gratamente. Además, tarde o temprano, se escribirán nuevos capítulos sobre su intempestiva renuncia porque en el fuero íntimo, tanto de legos como de expertos, bulle la incertidumbre sobre todo lo que no sabemos o no se ha dicho del tema. Es como una nueva versión de las Sagradas Escrituras, y todos estamos esperando a que la verdad nos sea revelada. Seguiremos informando.
También pensé en escribir sobre el Carnaval, pero decidí no hacerlo porque sería una tautología. Resultaría más cómodo entrar a algún buscador y escudriñar tres, cuatro o cinco años atrás, y si pongo la palabra Carnaval asociada con Panamá o con mi nombre, seguramente encontraré alguna referencia al respecto, porque ha sido más de lo mismo. Continuará.
La semana que hoy termina ha sido prolífica en noticias. El cataclismo provocado por Ratzinger y los debates sobre quiénes son “papables” se asoció con la caída de un meteoro sobre los montes Urales en Rusia y dio un giro al interés de la gente que, una vez más, comenzó a tejer conjeturas sobre lo que muchos aseguran es una cadena de hechos que nos están indicando el camino que nos llevará al fin de los tiempos. ¡Pamplinas! Esto se acaba cuando se nos apague el corazón. Sigamos.
El hecho cierto es que esta lluvia celeste dejó como consecuencia más de mil heridos y lo único que hizo fue confirmar que, a pesar de todo lo que hagamos, los seres humanos seguimos siendo vulnerables ante la naturaleza.
Y el carnaval de noticias cerró con broche dorado el viernes cuando, finalmente, y después de más dos meses, pudimos ver una imagen –que aparentemente sí es legítima- Hugo Chávez junto a sus hijas. Se trata de una fotografía tan bien preparada que al líder bolivariano se le ve con un periódico con fecha reciente, como para que nadie dude del cuento. En lo personal preferimos seguir imaginando a Chávez de otra manera antes que verlo en esa pose lastimera y prefabricada. Y viene más.
Se preguntarán de qué se trata esta columna. Bueno, justamente de eso, de todo y de nada, porque estas historias al final nos dejan con más preguntas que respuestas.