En menos de un mes la selección panameña de bola suave ha registrado las más bochornosas y humillantes derrotas que deporte colectivo alguno ha sufrido en torneos regionales, con el aval del nuevo mandamás del deporte, el todopoderoso Abraham Williams, dueño y señor del Instituto Nacional de Deportes.
¿Por qué se responsabiliza al señor Williams de este desastre? Pues porque para nadie es un secreto que Williams está vinculado a la Federación de Bola Suave y que, valiéndose de su condición de Director Técnico de Deportes del INDE, no sólo consigue su inclusión como delegado imprescindible, sino que obtiene el inmerecido apoyo económico que el Estado sólo debe dispensar a disciplinas deportivas que tengan favorables perfomances a nivel nacional, y que, por ende, estén en capacidad de llevar dignamente la representación de la Patria, en eventos de la naturaleza de unos Juegos Centroamericanos y del Caribe como los que se están celebrando en El Salvador.
En la década del 70, el prestigio de nuestra pelota suave era de tal magnitud, que la potencia deportiva del continente y del Tercer Mundo, Cuba, solicitó a Panamá que le facilitara técnicos de este deporte, para enseñarle, los trucos de la bola suave, a atletas que, en el béisbol, han venido dominando a nivel mundial, aunque a muchos le resulte paradójico. De esta manera los dirigentes de entonces encomendaron esa tarea al
serpentinero Miguelito Spencer, quien viajó a la isla para instruir a los cubanos en el arte de lanzar bajo el brazo, o sea, los secretos del lanzamiento del softbol..
Fue tan excelente el trabajo del instructor Spencer que, a la vuelta de un par de años, y gracias al inicio de la decadencia de la bola suave panameña, Cuba pasó de aprendiz de sóftbol, a maestro de esta disciplina. Y de paso también, otras naciones del área elevaron su calidad softbolera y nuestro país comenzó a hacer el ridículo.
La debacle del softbol tiene sus orígenes en una dirigencia obsoleta y signada por hechos, no muy benditos, que guardan relación con el grado de corrupción que se ha ido entronizando en varias organizaciones deportivas que, en más de tres décadas, no han sido capaces de renovar sus cuadros dirigentes, habida cuenta del manejo politiquero, al estilo de los procesos electoreros, que son el cáncer de las caricaturas de democracia de nuestros países subdesarrollados.
Pero lo más grave de todo es que, en tiempos en que nuestros hermanos del continente agotan esfuerzos por superarse, y elevar la calidad de sus atletas, el organismo estatal encargado de velar porque este designio se cumpla, haga las veces de cómplice de una situación que sume a nuestro país en el oprobio. Sólo porque elementos inescrupulosos les importe un bledo nuestra enseña tricolor, pues lo único que les interesa es lucrar, a costa de los contribuyentes, y continuar su francachela turística al lado de otros, no menos corruptos, enquistados en la dirigencia del deporte internacional.
Frente a este ignominioso cuadro, sólo cabe una pregunta. Señores del INDE:. Esa institución siempre dice que no tiene recursos para apoyar al deporte, en sus competencias a niveles nacional e internacional, véase casos recientes del baloncesto superior , atletismo y otros. ¿Es cierto o no ,que hace algunos meses el INDE se gastó más de 10 mil balboas en una delegación de tres personas, cuando bastaban sólo dos, en un viaje a La Habana, Cuba, y luego el turismo continuó con una escala en Santo Domingo, República Dominicana en donde, por mera coincidencia, se celebraba el Festival del Merengue?
¿Estamos o no, frente a una nueva variante de corrupción? Que la opinión pública juzgue.