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Somos también nuestros padres


Me alegra cuando tengo acceso a publicaciones como las de Helena Santori o las de Alberto Cabredo. Ambos han escrito sobre nuestros entornos urbanos de mediados del siglo veinte. A algunos podría parecerles que, para quienes no vivimos esas épocas, estos testimonios no tienen atractivo, ¿cierto? Tal vez argumenten, con una lógica que parece irrebatible, que la nostalgia funcionará mejor en aquellos que fueron contemporáneos de los autores. Pero ocurre todo lo contrario: tales publicaciones ayudan a los jóvenes a completar el entendimiento de quiénes son.

Helena Santori, en “Esos años que tanto añoro”, evoca los días de las casas de madera, aquellas en las que vivieron muchos de nuestros padres. Y Alberto Cabredo, en “Contra el viento”, desvela mucha del habla popular y los hábitos de nuestros “citadinos” añejos.

Puede ser que no hayamos vivido esos tiempos, pero somos resultado de tales tiempos: el que no viviéramos las alegrías y penas de nuestros padres, no significa que no las hayamos recibido por medio de conversaciones, comportamientos o relatos informales. Y es que, no lo olvidemos, somos nuestros padres. Cada generación de panameños se levanta sobre lo que construyó la anterior, sea esto bueno o malo.

 

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569895
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América