La grandeza de Stephen Curry como basquetbolista puede ser medida por sus números como tirador que imponen marcas y están cambiando el juego. Su inmensa popularidad deriva de algo menos tangible.
Mientras que muchas estrellas de la NBA dependen de una estatura poco común y una habilidad atlética que los aficionados promedio sólo pueden soñar, el juego de Curry se basa en las características que todo jugador informal puede trabajar: tiro, drible y pase. La diferencia es que quizá nadie había puesto esas tres habilidades juntas de la misma manera en que Curry lo hizo el año pasado, mientras dominó en la duela e hizo de los alguna vez oprimidos Warriors de Golden State el equipo que todos deben ver en la NBA.``Es un verdadero honor'', afirmó Curry. ``Estoy agradecido por ese reconocimiento porque es a través de todos los diferentes deportes... Es muy bueno''. Curry se convirtió en el rostro de la NBA este año. Su jersey es el más vendido en la liga, los partidos de su equipo tienen récord de audiencia televisiva tanto en el mercado local como en los de sus rivales, e incluso su hija de tres años, Riley, se convirtió en estrella por eclipsar a su papá en las conferencias de prensa en los playoffs. Incluso su compleja rutina de calentamiento se ha convertido en un espectáculo para los aficionados que llegan temprano o que algunas veces la ven en los programas previos a los partidos por televisión. Dribla con dos balones, trabaja en pases y tiros con ambas manos, hace disparos desde media cancha y concluye con tiros de larga distancia desde el túnel en su camino a los vestidores.