El presente señala a Panamá por encima de El Salvador. La superioridad nuestra ha sido evidente en los últimos torneos que hemos enfrentado a los cuscatlecos y en las pasadas eliminatorias al Mundial de Alemania 2006.
Hasta la clasificación del ranking FIFA señala a Panamá como el número 65 del escalafón mundial, mientras que El Salvador ocupa el lugar 141.
Un margen tan amplio como engañoso. Es verdad que los salvadoreños han bajado mucho su nivel en los últimos años; sin embargo, cabe recordar que hace unos años se coronaron campeones de un centroamericano Sub-22 y el año pasado nos superó en la eliminatoria Sub-17.
A nivel de selección mayor, panameños y cuscatlecos igualaron sin goles en el último amistoso entre ambas selecciones, jugado en noviembre del 2006.
El proceso de preparación, a pesar de que ha sido largo, no ha llenado las expectativas en cuanto a juegos amistosos internacionales: apenas dos. Además, quedaron fuera jugadores como Miguel Castillo, Armando Gun, Luis Ovalle o Rolando Algandona, y encima lleva dos chicos de 17 años con un físico frágil para la categoría Sub-23 (más discutido Carlos Rodríguez que Aníbal Godoy).
La llegada de Román Torres (para reforzar la defensa) y Edwin Aguilar (en la zona de ataque) dará mayor confianza y fortaleza a este grupo.
De El Salvador se sabe que maneja muy bien la pelota y juega un sistema 3-5-2, que se podría abrir con dos extremos panameños ofensivos y Edwin Aguilar como único hombre en punta.
El once que utilizará Guimaraes depende mucho de Aníbal Godoy, el hombre con mejor visión de la media cancha. Aparte, se espera que por fin Gabriel Torres explote con la selección y sea el delantero letal que hemos visto con San Francisco y Chepo en ANAPROF.
Hay dudas, pero no se puede perder la fe y la ilusión sin antes jugar. Es cierto que la preparación ha sido mala y que, encima, los rivales (El Salvador y Honduras) tienen más historia, pero estamos en casa y tenemos que clasificar.