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Subir el nivel

Necesitamos un nivel, un listón que superar en nuestros saltos de altura, no al vacío, que parece que es la tendencia en nuestras letras. no al vacío, que parece que es la tendencia en nuestras letras.


Este fin de semana he recibido noticias sobre otro premio literario en el que el jurado ha destacado la falta de los elementos básicos de cualquier escrito: ortografía, correcta sintaxis y hasta coherencia argumental. La solución podría haber sido declarar el premio desierto pero finalmente se premió al menos malo, hecho este que es el peor de los males porque rebaja el nivel de excelencia literaria aunque, considerando al ganador, me extraña.

Un remoto día de octubre de 2005 se le preguntó al escritor Juan Marsé por el nivel literario de las novelas que concurrían al premio del que era jurado. Dijo que era bajo y por momentos “subterráneo”. Fallado el premio, el cual no se puede declarar desierto, dimitió provocando una intensa polémica. Reconocía que su derecho a buscar y decir la verdad era mucho más importante que el prestigio del premio. El premio en cuestión no es otro que el famoso Premio Planeta de Novela, el mejor pagado de todos. Ahí es nada.

Para subir el nivel de la literatura panameña son necesarias muchas cosas, la primera de ellas es, precisa y llanamente, un nivel. ¿El nivel es Miró o Sinán? ¿El nivel es el número de ejemplares vendidos? ¿O es la cantidad de eventos a los que se invita al escritor para hablar de su obra? Necesitamos un nivel, un listón que superar en nuestros saltos de altura, no al vacío, que parece que es la tendencia en nuestras letras.

Veo a escritores y escritoras (renuncio al correcto neutro para señalar la engreída vanidad de unas y otros) que usan como guardaespaldas de su insuficiencia literaria cartelones que les promocionan como los más leídos, los más vendidos o los mejor difundidos. Puro mercadeo. Si mis dos obras pasaran a formar parte de los textos de obligada lectura para los alumnos de secundaria, yo sería también muy leído. Pero estos escritores, tan pagados de sí mismos que restan a la vanidad innata del que escribe su lado más sano y creativo, buscan el amparo de las instituciones para que les metan en esos circuitos. Y los que eligen no tienen criterio literario ninguno.

Las malas lecturas degradan el nivel de escritura. Lo subterráneo del nivel de nuestras letras pasa por la poca eficiencia que tenemos al dar de leer a los más pequeños y porque muchos de los que hoy saltan a la literatura tienen pereza de leer. Ya lo dije hace semanas en mi artículo “Un amigo que escribe”.

Marsé, ese enorme escritor, dijo algo que quiero que se metan en la cabeza todos los escritores, los buenos y los pretendidos: “no dudo de las buenas intenciones de la ganadora y del finalista y les deseo éxitos en próximas aventuras, pero las buenas intenciones no tienen nada que ver con la buena literatura”. Cuánto nos cuesta guardar esta verdad en la mente y ponernos manos a la obra, aprender el oficio y olvidarnos de la plata, el oropel mediático y la sumadera de premios de dudoso prestigio.

La literatura no necesita ser justificada, se hace, se lee, se vive pero también se critica. Llevo años hablando de esto con muchos buenos amigos escritores cuya búsqueda de la excelencia les está llevando a unas alturas dignas de la más amplia difusión, pero no la tienen. La gloria literaria, como muchas cosas, se compra en Panamá. “Allá ellos”, en frase feliz de Les Luthiers. Pero eso es lo de menos: escribimos porque somos libres o porque estamos presos de nuestros fantasmas y demonios. Los otros, con su montón de palmaditas en la espalda y ausencia de crítica, tienen su pan. Que les aproveche.

Se necesita encajar bien las críticas. El viejo Salomón dice en el libro de Proverbios que “en la multitud de consejos está la sabiduría”. Si escribe, busque consejo. Busque lecturas, busque quien le diga la verdad. No publique mucho ni tan rápido y recuerde que ser escritor no es más que eso: uno que escribe. Escriba y olvide el resto del mundo y sus vanidades. En palabras de Juan Marsé: “el verdadero reto para un escritor actual no es entrar en ese mundo (el delprêt-á-porterliterario), sino ser capaz de rechazarlo”.


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927986
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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