Aparentemente, Suecia y Senegal son tan diferentes como el día y la noche. Ya la distancia geográfica entre la punta de África Occidental y la Escandinavia de la Europa del Norte es considerable. Pero, el anunciado choque de contrastes y diferencias superficiales quedará zanjado cuando los dos equipos se enfrenten mañana domingo en Oita.
Senegal, lejos de ser la escuadra estrictamente imaginativa y estereotípicamente "africana" que se esperaba, ha demostrado ser una unidad sólida y congruente, cuya firmeza rivaliza con cualquiera de los dos supervivientes vikingos, aunque tiene, eso sí, un poco más de sabor.
Mientras que la falta de estrellas y atractivos en favor de un coherente estilo de juego de equipo está bien documentada en el caso de Suecia, dos de los cinco goles marcados por Senegal en la primera ronda desmienten la teoría predominante de que el fútbol africano es un mero festival de individualidades sin táctica.
Si bien el primer gol de los principiantes africanos contra Francia tuvo mucho de fortuna o pudo achacarse a los nervios característicos de un defensor del título, el segundo tanto que marcaron los senegaleses en el empate a 1 con los también clasificados daneses demostró ser un sorprendente ejemplo de construcción táctica al más puro estilo europeo. La jugada, nacida en lo más profundo del campo senegalés, atravesó el terreno con cuatro pases de balón y culminó en la red enemiga con un toque desvergonzado y burlón de Salif Diao.