Era una noche para celebrar. Chorrillo había aniquilado en la cancha al Tauro FC (4-0) y para clasificar a la final de la Liga Panameña de Fútbol.
La euforia en los dirigentes, cuerpo técnico, jugadores y aficionados era incontenible; había motivos de sobra para estar alegres.

Entre todos los jugadores destacaba la gran sonrisa de uno en especial: Javier De La Rosa. El joven ariete vivía un momento mágico e inolvidable. El fútbol le estaba regalando una nueva oportunidad, ya que hacía solo algunos meses había abandonado la cárcel.
Uno de los cuatro goles del Chorrillo (el segundo), llevaba su sello. Le pegó desde lejana distancia y el balón terminó colándose en el fondo de las redes. La anotación le daba tranquilidad a su equipo.

‘Javi’ salió corriendo a celebrar con los aficionados, con una sonrisa de oreja a oreja que denotaba fácilmente el instante tan especial que atravesaba. Besaba el escudo de su camiseta y levantaba las manos en señal de victoria.
De La Rosa cerraba su gran partido, cediendo un buen pase para su compañero Alfredo Phillips, quien le colocó la cereza al pastel con el 4-0. Tras esta acción, Mansilla le sustituyó y, entre aplausos, De La Rosa abandonó la cancha.
Finalizó el encuentro y el grupo se abrazaba y festejaba. Se había logrado dar un gran paso.
Pero los futbolistas no se olvidaron de Dios y le agradecieron minutos antes de retirarse a sus camerinos.
Sin embargo, lo que tenía que concluir como una historia feliz, no pudo ser. Quién se iba a imaginar en ese momento que el final del delantero del Chorrillo estaba cerca.
La última entrevista.
Saliendo de los vestidores, le pedí a De La Rosa que me atendiera por un minuto. Quería realizarle una entrevista, ya que había tenido un gran partido y consideraba que era una de las figuras de la noche. Sin dudar, él accedió. A su alrededor tenía un grupo de cuatro niños que lo miraban con asombro; le observaban como a un ídolo, como a esa persona a quien quisieran imitar de grandes.
“El equipo va motivado a pelear por la final; buscaremos lograr el primer título del Chorrillo. Venimos trabajando fuerte semana a semana, con mucha actitud y vamos con todo a la final a tratar de salir campeones”. “El fútbol da tantas revanchas. Nos toca enfrentarnos ahora al San Francisco, que en la ronda regular nos ganó en nuestra cancha y ahora nos veremos en la final y esperamos ganarla”.
“El gol se lo dedico a toda la fanaticada del Chorrillo para que sigan apoyando y seremos campeones, Dios primero”, fueron estas las declaraciones de ‘Javi’, quizás, las últimas que brindó a algún medio. Antes de despedirse, le dije: suerte, hermano, cuídate... mas en aquel entonces, fue solo una frase para decirle adiós; no presentía ni sabía lo que se venía. La muerte rondaba el Estadio Javier Cruz.
Con el trabajo hecho, tomé rumbo hacia mi hogar. A mi lado, un colega. Ambos comentábamos lo que había sucedido en el partido, de lo grandioso que lució Chorrillo. De fondo, a través de la radio, escuchábamos los comentarios poscotejo de Gabriel Castillo, por la señal de RCM, y de repente, llegó la inesperada noticia. Un oyente llamó y dijo: ‘Gabriel, acaban de matar a Javier De La Rosa’. No podíamos creer lo que oíamos. Y pensar que hacía solo 10 ó 15 minutos lo había entrevistado.
Pasados los minutos, diferentes testigos que presenciaron los hechos confirmaron lo sucedido. Lastimosamente, aquella noche de celebración quedó empañada por la violencia.