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Tantas horas con Mario

Vargas Llosa regresa a Perú como escenario, nos lleva por calles transformadas por el progreso económico, por una Piura y una Lima que ya nada tienen que ver con las de “Conversación en la Catedral”,


Pedro Crenes Catro (Desde Madrid) / Desde Madrid

Comencé a leer a Mario Vargas Llosa por rebeldía contra mi padre. Pronto, esa sensación vengativa dio paso al pleno disfrute de una obra que se fue colando por las rendijas de mi mente para empapar de buenas historias el corazón. Luego supe que en muchas cosas nos parecemos. Me callé, y reservé para mí y unos pocos mi profunda admiración por Vargas Llosa y su obra. Una de mis amigas más cercanas se me acercó durante la fiesta de cumpleaños de mi hija mayor: “enhorabuena”, gracias le dije, es una chica excelente. “No” repuso, “por lo de Vargas Llosa: le han dado el Nobel”. Y no fue la única felicitación que me dieron por el merecido premio a mi escritor favorito. ¡Cosa más grande la vida, chico! (Trespatines dixit).

Ahora nos presenta, aquí en Panamá, “El héroe discreto”, una novela que tiene mucha enjundia, mucho sabor peruano y que deleita a los viejos lectores de Vargas Llosa. Una novela que va a instalar en nuestro panteón de personajes ilustres a Felícito Yanaqué, un empresario piurano que no va a dejarse extorsionar por los mafiosos de la arañita que le piden una suerte de impuesto revolucionario.

Da para muchas reflexiones esta novela. Si de un lado tenemos a Felícito, del otro, la otra historia, que discurre faulknerianamente paralela a la del piurano, está la del octogenario y rico Ismael Carrera, que, por su parte, no va a ceder a las pretensiones de sus hijos que están deseando que se muera para disfrutar de la herencia.

En esta novela encontraremos a un Mario Vargas Llosa rebosante de buen humor.

Mario Vargas Llosa regresa a Perú como escenario, nos lleva por calles transformadas por el progreso económico, por una Piura y una Lima que ya nada tienen que ver con las de “Conversación en la Catedral”, “Lituma en los Andes” o “Los cuadernos de Don Rigoberto”. Un paseo por las consecuencias de unas políticas económicas que han beneficiado.

Para mí, cómo no, esta es la gran novela sobre el padre. Felícito se mantiene en su negativa a ceder al chantaje por guardar la memoria de su papá que le dijo que no se dejara pisotear. Una conmovedora sustentación de la memoria de un hijo que enfrenta su vida con aquel recuerdo. Pero Ismael Carrera, el paralelo de Felícito, está del otro lado. Sus hijos quieren que se muera de una vez y él resucita, casi literalmente, para vengarse de ellos y no permitir que su fortuna terminara sus manos. Uno de ellos argumenta que odia a su padre por meterlo en una academia militar (¿venganza vargasllosiana?). Todo gira en torno a la figura paterna, a sus impactos sobre los hijos. Rigoberto y Fonchito, padre e hijo, cierran esta trinidad de historias que ofrece una visión del padre que faltaba por novelar, el padre de todos y que a todos apela: Dios, el Padre Dios.

En la figura de un Rigoberto, más sofisticado si cabe que en “Los cuadernos de Don Rigoberto”, Vargas Llosa elabora una interesante búsqueda de respuestas religiosas ante la vida, la muerte y el mal, encarnado este en la figura de un Edilberto Torres que les invito a descubrir. Una búsqueda de Dios, unas interrogaciones intelectuales que, a pesar del agnosticismo del personaje, siguen necesitando una respuesta.

En esta novela encontraremos a un Mario Vargas Llosa rebosante de buen humor, muy existencial, lleno de matices sabrosos y rigurosamente fiel a la técnica. Una novela esta, “El héroe discreto”, que está llamada a darnos muchas horas de estudio, más horas con Mario, para reconocer al padre, para vengarnos de él o amarlo, pero, definitivamente y sobre todo, para disfrutar de una excelente novela del más alto nivel literario.


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904643
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América