Un audaz ataque tipo comando a pocas cuadras de la residencia oficial del hombre más custodiado de México -su presidente- desató temores sobre un proceso desestabilizador similar al que antecedió a las elecciones de 1994. Seis hombres fuertemente armados emboscaron el martes a un vehículo con cuatro miembros de un cuerpo de elite militar a escasas tres cuadras de Los Pinos, residencial oficial de los presidentes.
El cruento episodio, en el que murieron dos oficiales del llamado Estado Mayor Presidencial, responsable de la seguridad del jefe de Estado y su familia, y otros dos resultaron heridos, fue descrito oficialmente como un asalto.
Los agresores, con una capacidad de ataque y fuego pocas veces vista en la cada vez más violenta capital mexicana, se fugaron con el equivalente a 52.000 dólares en efectivo que los militares acababan de retirar de un sucursal bancaria.
Pero, más allá de la versión oficial, para algunos analistas inverosímil, especialistas de la prensa mexicana formularon ayer algunas interrogantes en torno al alcance real del ataque, el segundo de parecidas características en tres semanas.
Pistoleros descritos por peritos policiales como "profesionales" acribillaron a balazos el 7 de junio al popular y afamado animador de televisión Francisco "Paco" Stanley, cuando dejaba un restaurante al costado de una de las más transitadas autopistas de la populosa ciudad de México.
El crimen de Stanley, en cuya azarosa vida se entremezclaron tormentosos amoríos y adicción a la droga, desató una andanada de acusaciones políticas -y la indignada réplica oficial- contra la "inseguridad" atribuida al gobierno de la ciudad, que conduce desde diciembre de 1997 el líder moral y probable mejor candidato de la izquierda mexicana a las elecciones presidenciales del 2000: Cuauhtémoc Cárdenas.
"Si nos remitimos a lo sucedido en 1993-94, existen razones muy poderosas para que la sociedad los perciba como parte de un proceso desestabilizador y no como consecuencia de delitos políticamente desafortunados", dijo ayer en El Financiero el respetado columnista Jorge Fernández, un especialista en asuntos de seguridad.
Entretanto, el periodista Javier Ibarrola, considerado entre los más destacados analistas de temas militares, dijo a Reuters que el episodio cercano a Los Pinos reiteró que "hay una tendencia a la desgobernabilidad, vía crisis social y política".
"No es posible verlo como un caso aislado de asalto", dijo, refiriéndose al ataque contra los miembros del cuerpo militar de elite.
"También nos lleva a pensar que alguna organización está infiltrada en el Estado Mayor Presidencial. Eso sí es verdaderamente alarmante". agregó. Los mexicanos vivieron entre 1993 y 1994 la conmoción de un proceso político que incluyó los resonantes asesinatos del cardenal católico Juan Posadas, en la occidental ciudad de Guadalajara; del favorito candidato oficialista a la presidencia, Luis Colosio, en plena campaña electoral en la norteña Tijuana; y del segundo más alto dirigente del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), José Francisco Ruiz Massieu, en la Ciudad de México.
A la muerte de Colosio, asumió la candidatura del PRI su jefe de campaña, Ernesto Zedillo, quien ganó la elección y gobierna el país desde diciembre de 1994.
El diario izquierdista La Jornada dijo ayer en su principal editorial que el supuesto asalto a los militares del Estado Mayor Presidencial fue un "desafío al Estado".
El periódico dijo que el hecho adquirió una significación política y social inocultable.
Explicó que un grupo criminal se atrevió a golpear, a escasa distancia de la residencia presidencial y a plena luz del día, "a efectivos del agrupamiento militar más poderoso y mejor entrenado del país".
El periódico izquierdista sostuvo que el Estado Mayor Presidencial representa "el mecanismo histórico principal de subordinación de las fuerzas armadas al poder civil y constituye el símbolo por excelencia de la aptitud coercitiva del Estado".
Ese cuerpo militar surgió con virtual autonomía institucional bajo el gobierno del ex presidente Lázaro Cárdenas, quien gobernó el país entre 1934 y 1940 y fue padre del actual controvertido jefe izquierdista de gobierno de la capital mexicana.