¿Le extraña el título? Fíjese que pese a lo discreto que lo hace la cotidianidad, el corte de cabello es tan vital en nuestras vidas como la ropa que usamos, los calzados que elegimos o nuestra manera de conducirnos. Es parte de una formalidad según la cual nos califican de serios, formales, tradicionales, locos o desquiciados. ¿Pero de qué depende un buen corte? De la forma de la cara de la persona, del tipo de cabello, de lo que pida el cliente y ciertamente.. de lo bueno que sea el barbero.
Si el cliente tiene un rostro acentuadamente redondo el corte debe complementarlo si quiere ser tradicional, serio o respetuoso; pero si sus facciones son alargadas hacer el corte redondo podría ponerlo en aprietos. Imagínese a Herman Monsters con un afro, o a Sean Connery con un Punk o Cristian Castro con permanente. Otra cosa es cuando las orejas determinan el rumbo de las patillas y los bordes, o los pocos cabellos que nos quedan cuando combaten ferozmente con una calva que avanza sin consideraciones.
Claro, Usted puede pedir lo que desea, y obtenerlo, sino se corre el riesgo de que aquel en cuyas manos ponga su cabeza, se le ocurra hacerle cualquier cosa, menos lo que Usted pidió. Luego, el corte de cabello no es un evento cualquiera o de poca importancia, sino un acto de confianza, un rito de normas y resultados calculados; un convenio tácito entre Usted y su barbero sobre la forma que debe asumir, en esa parte de su cuerpo, el sentimiento que Usted tiene de Usted mismo; algo así como.. ¿cómo me veo mejor? ¿Será la vanidad?
El barbero sabe, porque Usted se lo dijo bajito antes de que comenzara a usar sus tijeras, lo que define su personalidad, y de qué lado le gusta los énfasis. Total después que lo motile todo el mundo se fijará en Usted.. para bien o para mal. Así que, si el corte es decisivo, el barbero, con los años, se convierte, inconcientemente, en parte de su vida.
A esa conclusión nos llevó esta semana Horacio Perigault Ortega, un barbero septuagenario que se inició en el oficio a los 19 años, para no dejarlo jamás: ni cuando estuvo tentado a ser electricista, ni cuando conoció a Susana Coparropa, quien sería la madre de sus cinco hijos, ni cuando estos nacieron. "Es que ser barbero es un arte que se desarrolla con los años" , dijoPeri a Semblanzas , sentado en uno de los sillones de Taranto, la barbería en la que trabaja actualmente, a sus 78 años, pese a ser jubilado porque -afirma- yo no puedo estar sin hacer nada.
Al principio a las barberías concurrían hombres de cabellos lacios, después vinieron los de cabellos rizados, y un fenómeno similar se produjo en las bases militares de Estados Unidos en la Zona del Canal , indicó.
Y es que en su oficio Horacio Perigault fue barbero también en las bases de Howard, en Clayton, en Rodman, en Cocolí, y hasta en la base de Río Hato.
Cuando llegaron los soldados negros -recuerda- ante nuestra barbería, en Howard localizada en la entrada a mano derecha, se formaban filas de ellos. No todo el mundo sabía tratar su cabello. El cabello lacio se trata con tijeras, pero el rizado, o "duro", como se le dice aquí, con máquinas, a las que se le adaptan piezas que determinan el tamaño que debe asumir el corte.
En las bases, ser barbero le permitió, además de ejercer el oficio, ver de cerca las diferencias entre blancos, negros y puertorriqueños. Allí también se daban conflictos raciales y las diferencias se arreglaban a menudo con citas en lugares secretos, escogidos de antemano, y se armaban verdaderas broncas, de donde salían heridos, dijo.
Uno de esos panameños que llegado el momento escogió un oficio, se dedicó a él y desde allí desarrolló una vida que le ha permitido sostener a su familia, educar a sus hijos, y desarrollar una interminable lista de amigos, tan amplia como la cantidad de clientes a los que le ha tocado cortar el cabello.
Y solo lo ha hecho aquí, en la Ciudad de Panamá, lo que lo convierte en componente permanente de las vivencias citadinas. Una de esas personas que ha dado un servicio a miles de panameños, en más de dos, tres, cuatro y muchas ocasiones. No fue un profesional ocasional sino permanente, una referencia casi mecánica en la mente de muchas personas, si se considera que en el Panamá del siglo XX ir a la barbería tenía una connotación especial. Era un acto muy personal, y escoger al barbero también. Algo se guarda de eso hasta hoy, pero seguramente que no con la religiosidad de aquellos días. Nada anormal tenía escuchar a un señor de la época hablar de mi barbero , y es posible que mucho usaran ese término para referirse al hombre que hoy ocupa esta Semblanza .
Como profesional nunca tuve problemas con mis clientes , me dijo, tras recordar que al principio se dispuso estudiar para electricista por correspondencia, pero después de terminar su curso de barbería en la escuela de un ecuatoriano de apellido Suárez, en Calle 13 Santa Ana, se inició en la barbería de un cubano apellidado Lasso, localizada en el mismo barrio, al lado de la panadería La Venezolana .
Citadino puro, cuando nació, sus padres residían cerca del Mercado Público, en lo que hoy se conoce como el Barrio Chino , hizo su escuela primaria en la Escuela Simón Bolívar de San Felipe, luego los estudios de lo que sería su profesión y más tarde se casó con Susana Coparropa, su compañera de toda la vida.
Hijo de Jacinta Elena Ortega, natural de Chame y de Eustorgio Perigault, este último hijo de emigrantes de Touloose, Francia, en donde, gracias a la magia de esa revolución tecnológica llamada Internet, Peri acaba de descubrir nuevos familiares.
Abordarlo sobre su profesión es asistir a un curso de historia. Pocos imaginan que en lo cotidiano de una barbería se van hilvanando de manera continua un número importante de informaciones, surgidas de los comentarios del día a día. Y de hecho las fechas van marcando el contraste.
Semblanzas: ¿Ha cambiado mucho el oficio?
HPO: Por supuesto. Ya no es lo mismo pese a que ahora hay más habitantes. Lo que pasa es que la barbería tradicional se ha tenido que enfrentar a dos cosas: primero a los llamados unisex, cargados de extranjeros, pese a que existe una ley que protege al barbero nacional, pero que no se aplica. Segundo: los cortes raros que ahora pide la juventud; aunque uno los hace, la verdad es que no me parecen correctos.
Semblanzas: Y no se trata de ninguna xenofobia. Para Perigault el punto radica en la protección de la profesión y de los propios clientes, la inspección previa para garantizar el buen servicio y por eso cita el viejo estatuto ¿Cómo era la protección?
HPO: La ley la hizo un diputado apellido Linares a favor de los nacionales, y aseguraba la existencia de inspectores que garantizaban su aplicación. Si se aplicara la ley quizás no habría tanto extranjero en el oficio.
Semblanzas: Barbero desde 1942 has visto pasar ante tu silla de motilar una historia con personajes y todo ¿Cuándo comenzaste en el oficio, en qué barberías trabajaste?
HPO: Comencé en la barbería del Señor Lasso y trabajé en las barberías Bella Vista que eran propiedad de un griego. Demetrio Lakas llegaba allí a hacerse el corte; luego en la barbería Chic, ubicada en Avenida México, entre las calles 40 y 41 de Bella Vista, y antes de Tarantos tenía una ubicada al final de la Avenida México, en un edificio que demolieron.
Semblanzas: ¿Y qué pasa cuando un barbero se muda, a dónde va la clientela?
HPO: Después de la demolición la clientela se dispersó, pero fíjate que después uno a uno han ido llegando.
Semblanzas: Las barberías como los restaurantes son centros de reunión, la gente hace comentarios ¿Han sido iguales las barberías donde has trabajado?
HPO: Así mismo. Llegaban políticos de todos los bandos, pese a que cada uno tiene su partido, era muy normal que tuvieran un solo barbero. Claro que en algunas ocasiones en que conversábamos sobre un tema caliente, llegaba alguien del bando contrario y entonces había que parar, o pasar a otro tema, porque lo que nunca hicimos fue involucrarnos. Aquí cortábamos cabellos.
Semblanzas: ¿A quiénes recuerdas entre las personalidades que fueron tus clientes? Peri sonríe y rebusca..
HPO: Han sido tantas, desde presidentes y ministros, pasando por médicos, abogados, ingenieros, políticos..
Semblanzas: ¿Hiciste amigos entre ellos?
HPO: Si hombre.
Semblanzas: ¿A quiénes recuerdas?
HPO: Al doctor Jorge Illueca, al ex ministro Alfredo Ramírez, al Beby Arango, a César Pereira Burgos, que todavía vienen.. por aquí también viene Mitchel Doens.
Semblanzas: ¿Qué toma en cuenta un barbero pare hacer un buen corte?
HPO: Hay varios factores, desde la cara y lo que te solicita el cliente hasta algún detalle especial que te sugiera la propia fisonomía de la persona a la que peluqueas. Es un aprendizaje que se da con el tiempo, el arte lo vas adquiriendo con el tiempo: los distintos tipos de cabellos generan distintas técnicas. Cuando yo trabajé en la Zona del Canal, muchos barberos no sabían cotar el llamado cabello duro. Cuando yo comencé en el oficio trabajaba con cabello lacio, y luego aprendí el otro. Con tijera no se puede cortar fácilmente el cabello duro. Se usan máquinas y zapatas que se ponen a la máquina. En la Zona del Canal cuando llegaron los soldados negros, William , otro barbero, y yo, los atendíamos, y teníamos que quedarnos hasta lo último. Ellos hacían filas para esperar.
Semblanzas: ¿Cómo es eso de que comenzaron a llegar los soldados negros?
HPO: Primero llegaron los puertorriqueños, después los morenos, creo que fue a finales de los años 60 o entrados los 70. Vinieron soldados y oficiales. Para nosotros era cosa nueva y un problema, porque muy pocos sabían trabajar ese tipo de pelo.
Semblanzas: ¿Es difícil trabajar ese cabello?
HPO: No, no es difícil, la técnica es diferente. Por eso se hicieron diferentes herramientas.
Semblanzas: ¿Qué es lo que decide el rumbo de tu corte?
HPO: Lo decide el cliente, el estilo que quiere.
Semblanzas: Dices que influye la forma de la cara
HPO: Claro. Es importante la coherencia y el estilo que se desee.
Semblanzas: En Panamá hay varias culturas: indígenas, negros y blancos, supone técnicas distintas, ¿las has trabajado todas?
HPO: Clientes de toda clase. Un buen barbero hace cualquier corte.
Semblanzas: ¿Cómo llegas a trabajar en la Zona?
HPO: La concesión la manejaba un norteamericano que fue el que nos contrató-Hicimos la aplicación y clasificamos. Yo tendría unos 40 años. Ya era un barbero consumado. Mi único oficio ha sido el de barbero, pese a que hice estudios por correspondencia. Trabajé 14 años en las bases.
Semblanzas: Ciertamente, el barbero se hace parte de nuestra actividad. En 1980 di con la barbería Chic. Estaba sobre la avenida México y en ella trabajaban tres barberos, personas muy serias y formales, igual que la clientela que atendían: un nicaragüense, uno, el más viejo que le decían Henrriquito (quien ya falleció), y Peri. También una chica que hacía pedi y mani cure. Durante toda la década de los 80 y parte del 90, Peri fue mi barbero, hasta que lo perdí de vista, después que demolieron el edificio donde quedaba su barbería, al final de la avenida México. Así que en los años posteriores anduve de barbería en barbería, algunas muy buenas otras no tanto, pero todas con una particularidad: no le daban permanencia y estabilidad al corte. Algunas veces salían excelentes trabajos, otras terminaban por ser un sufrimiento latente hasta que el cabello crecía. Hubo un caso en que sentía que mi cabeza era como una pista de aterrizaje con asimetrías notorias. Así que una mañana tomé mi auto y decidí buscar una barbería que supiera tratar mi cabello. Aclaro, hago parte de ese ilustre grupo de panameños con el cabello duro, pero aquí también hay cabellos duros y cabellos duros, como dice Olga Alicia, mi madre. Después de recorrer vía España desde Río Abajo hasta Bella Vista, bajé por calle 46, la que da hasta el parque Urraca y me llamó la atención una barbería situada a mi mano izquierda, justo frente a la emisora La Exitosa. Se llamaba Taranto y como quien no quiere la cosa estacioné mi auto y me dirigí hacia el local. Cuando abrí la puerta, justo en el sillón que daba hacia la puerta estaba sentado mi viejo amigo. NO se si se percató del impacto del encuentro, pero ocurrió tal cual él lo describe en la entrevista. Fue como si me hubiera encontrado con un viejo familiar. En la vida hay personas que no tienen con nosotros vínculos familiares pero que por su actividad llegan a ser parte de nuestras vidas, y sobre todo, de la vida del país. Saludos Peri.
Teoría para un corte de cabello
Cuando llegaron los soldados negros -recuerda- ante nuestra barbería, en Howard localizada en la entrada a mano derecha, se formaban filas de ellos. No todo el mundo sabía tratar su cabello. El cabello lacio se trata con tijeras, pero el rizado, o "duro", como se le dice aquí, con máquinas, a las que se le adaptan piezas que determinan el tamaño que debe asumir el corte.