¿Me preguntas cuál es el recuerdo más antiguo que guardo en la alacena de la memoria? Aquí lo tienes.
La magnífica, la incomparable teta, redonda y repleta de leche. Al nacer, el mundo no tiene sentido si un pezón no te llena la boca. El hambre ordena: apriétalo, muérdelo, chúpalo.
Mi madre me amamanta. Por ahí entra más y más vida. Es la malteada que se nos sirve en cada despertar. Le pone sordina a mi asombro inicial de conejo asustado. Deslizamiento por la edad ontológica y vulnerable de los primeros pañales. En mí todo es mínimo, fuera de mí todo parece descomunal, gigantesco, un poco aterrador.
Mi madre sigue cantando, yo duermo.
La canción es dulce, hay rima y música. Las madres cantan para soltar la felicidad que no les cabe en el pecho. Todas cantan. Los recién nacidos escuchamos. No hay de otra. No existen registros ni antecedentes de Marian Anderson, ni María Callas, ni Ella Fitzgerald, ni Olga Guillot, ni la hija de Judy Garland, la ojona de Liza Minelli, ni Monserrat Caballé, ni Lola Flores. ¿Qué le cantaría Paloma San Basilio a su bebé? No critico ni comparo. Las madres cantan, sus voces nos pertenecen. Son canciones sentimentales, castas, arrulladoras, adormecen por lo sencillas y monocordes. Con todo, nadie debe pasar por la vida sin una de esas canciones, no importa la calidad de la voz. San Mozart dé larga vida a esas canciones que nos zambullen en un sueño de estrellas rojas y azules que van y vienen de y hacia ninguna parte.
La canción se funde con mi sueño sin barbas. Soy un ser aburrido, enternecedor, fregador. El sueño me refuerza la vida.
¡Déjenme dormir!
Despierto. Amenazo con poner a funcionar al máximo mis cuerdas vocales. Para calmarme, me ponen en la boca ese globo rotundo, esponjoso: la teta llena de leche tibia. Hummmmm...
¡Cuántas necedades sacuden sobre los bebés! Oráculos y expertos en genética opinan sobre su futuro y descubren características físicas heredadas. Que se parece al padre, que a la abuela, que a la tía solterona que nunca parió pero que tiene una jugosa cuenta de banco. La nariz es de... la boca de... ¡Mira que sí está bien armado para la vida! ¿Te has dado cuenta de la inteligencia que se le derrama por los ojos? «¡Qué lindo es!» aseguran todos, aunque en verdad parezco un renacuajo seco, un murciélago bulímico.