Algunas de las muchas dudas generadas desde que el colombiano Hernán Darío “El Bolillo” Gómez asumió el mando de la Roja fueron dispersadas la noche del martes con el triunfo 2-1 ante Costa Rica. Un rival exigente, al que se le controló la mayor parte del partido, que inquietó al final y que dejó muchas enseñanzas.
Hace rato, “El Bolillo” pedía contar con el “equipo A” ante un contrincante que desnudara las virtudes y falencias de la Roja, y los ticos no fallaron.
Gómez estaba obligado a sacar un resultado positivo ante su afición, de lo contrario, las críticas se lo hubiesen comido vivo, aunque seguramente sus muchos años de experiencias en esto le habrían ofrecido alguna salida.
Dos salvadas monumentales de Jaime Penedo en los últimos cinco minutos del partido preservaron el triunfo escarlata, una victoria que no debió haber sido tan sufrida si se hubiesen aprovechado al menos la mitad de las ocasiones que el equipo creó, sobre todo en la primera parte.
La falta de acierto pudo costar y aunque solo fue un partido amistoso, en los torneos oficiales, si no se trabaja o se encuentra la fórmula para que los jugadores estén precisos con miras al gol, lo podemos lamentar.
Ya pasó en la última Copa Centroamericana, cuando Panamá dominó a los ticos por 80 minutos y solo pudo sacar una ventaja de 2-0; después de desperdiciar varias ocasiones, vimos como la Tricolor empató en el tiempo de reposición.
La buena nota fueron las muchas situaciones de gol que encontró el equipo nacional, su juego volcado al ataque, la presión que se ejerció y lo bien que se controló a los formidables delanteros ticos durante gran parte del encuentro.
Sin embargo, queda trabajar para mantener aquel ritmo desenfrenado que asfixió a los costarricenses y que se tradujo en peligro para el rival. Además, hay que meterla y el resto será cuestión de entrega, lucha y corazón.