“La clase es como una erección, si la tienes, se nota” (?)
—Te voy a decir una aina, Neco –comienza su discurso el inoxidable Tito Piedra–. No me imagino a hombres como Octavio Méndez Pereira o Carlos Iván Zúñiga (a quien me jacto de haber conocido personalmente y haber gozado una que otra vez de su plática), esponjarse como pavo reales con títulos como el de “Rector Magnífico”. Ellos eran magníficos y no necesitaban pavonear su nombre con el título. Eso es para quienes quieren coba de más.
—Bueno –le digo para alborotar el congo–, pero si hay gente que goza con eso, que se lo pongan y que lo luzcan… si pueden.
—Ahí es donde está la aina, Neco, hay gente que se los ponen sin tener el menor merecimiento. Mira tú, por qué tenemos que llamar a los diputados “Honorables” (los agarras con las manos en el maletín y vuelven a ser honorables), igual que a los de la Corte Suprema de Justicia (que muchos lo han merecido y hoy pocos lo soportarían con gallardía). Sería suficiente Señor Diputado y Señor Magistrado. Eso de “Señor” sí que podemos regalarlo a cualquiera, ya que somos hijos del Señor, todos somos Señores “juniors”. A mí, hasta eso me molesta. Llámame Tito y punto. Me siento viejo y caduco cuando me dicen señor. Te apuesto que Francisco, sí, el de Roma, no firmaría nunca como “Su Santidad”, ese gol no lo mete él. El que vale, vale, no necesita brillo falso. Y lo de “Excelentísimo”, caray, esto sí que le queda grande a la mayoría. De todos los que revolotean en cielos americanos, al único que yo llamaría así sería al que menos le importaría: José Mojica. Vaya, he allí al que fue un “Excelentísmo” señor presidente (¿no podríamos ofrecerle la nacionalidad panameña y de paso la próxima presidencia?). Para mí que solo serían usables y justificados tales adjetivos al final de los mandatos y por aclamación del pueblo, estudiantes o fieles. Mira que a ti te llamaran Impecable Calderero o Hermeneútico Lector, las únicas dos cosas que haces con gusto y cierta gracia.
—No odas, Tito, que yo quedaría estupefacto si alguien te llamara el Epónimo o el Ataráxico.
—Y sin embargo los merezco, eudemónico amigo, pero bien sabes lo humilde y sencillo que soy, por lo tanto me puedes seguir llamando Tito Piedra de Playa Honda.