El baloncesto nacional tiene un olor a muerte y decepción. El deporte que en un momento llenaba coliseos para chocar y ganar contra los mejores, en estos momentos está en una cama, a causa de dirigentes ineptos y con ganas de figurar, sin aportar.
Esta vez no le daré vitrina a Miguel Sanchiz, sino hablaré de cada uno de los que tienen vela en este entierro porque el problema es integral, desde el jugador hasta el dirigente.
Sanchiz es parte del problema, y una parte grande de él. Porque este señor tiene el aval internacional y busca su satisfacción personal de verse en los torneos, rodeado por los grandes señores del baloncesto y sintiéndose importante de vez en cuando. Pero la cruda realidad es que acá en Panamá es visto como una enfermedad que le hace daño al deporte. Daño que al final es irreparable.
Por otro lado, el Gobierno, que tiene la potestad de impedir que esta “remora” del deporte siga haciendo de las suyas. Señor Rubén Cárdenas Jr., debe existir una manera de impedir los paseos funestos del baloncesto. Y si no existe, por favor, le suplico que al próximo equipo que le metan 40 puntos en un choque diga en el pecho FEBAPA, S.A. y no Panamá.
Los jugadores tienen que hacer algo y rápido. Tienen que agruparse para no seguirle el juego a este señor. Deben velar que el deporte por el cual ellos viven sea mejor en el país. Deben unirse y no apoyar más a las selecciones privadas que le causan malestar y lesiones. Porque al final del torneo los que salen con dolores de las palizas son los jugadores, no los federados.
Por último dejé a Porfirio Ellis, presidente de la FEPABA, reconocido por Pandeportes. Ya es hora de que se dedique de lleno al baloncesto. Señor, como un consejo, utilice su cercanía con el gobierno central para poner en marcha el baloncesto en Panamá, porque de lo contrario, no le sirve de nada ser un presidente sin pueblo.