Los altos precios del petróleo lo devoran todo: ni el deporte se salva de eso. Ir al estadio no es un “negocio” rentable: ante el alza del combustible resulta mejor no sacar el carro, quedarse en el sofá de la casa, con los brazos cruzados y las piernas extendidas, frente al televisor, apreciando los partidos del béisbol nacional o de la LPF.
Ante la caída en la asistencia a los estadios, especialmente en el béisbol, es recomendable que la dirigencia tome medidas creativas, encaminadas a estimular a la gente a que asista a los partidos. La suspensión de los juegos por lluvias, la eliminación de Herrera, el alto costo de la vida, han provocado el desánimo. De una u otra manera hay que crear una especie de subsidio en pro del aficionado: bajar un poco los precios de las entradas, implementar promociones, etcétera.
Porque, parafraseando al escritor uruguayo Eduardo Galeano: jugar sin público es como bailar si música. Y esto vale para cualquier deporte.
La relación afición-deporte se asemeja a la de un matrimonio: las partes deben ayudarse mutuamente, en las buenas y en las malas. El espectáculo deportivo necesita al fanático, así como los pulmones necesitan el aire; como un enamorado a su enamorada.
Sería un aporte interesante de la dirigencia deportiva ayudar al fanático a ahorrarse al menos algunos centavos. Y más en tiempos en el que la inflación estrangula el bolsillo, y asfixia la paila de muchos coterráneos. La actual situación económica no puede ser obviada ni pasada por alto, por los dirigentes. Hay que tomar decisiones y pronto.
Al emplear esta medida, una parte de la dirigencia deportiva se anotaría un punto a favor. Seamos creativos.