El Zenit, campeón de la Copa de la UEFA, se impuso por 2-1 al Manchester United, campeón de la Liga de Campeones, y se adjudicó ayer la Supercopa, en lo que supone un nuevo aviso de que está dispuesto a instalarse en la elite del continente.
El campeón ruso no es un equipo menor con fortuna, es un conjunto con calidad que cada vez se siente más potente y ha perdido el respeto a la aristocracia europea.
El Zenit no dio tregua al Manchester en toda una primera mitad en la que fue mejor, creó más ocasiones y terminó por marcar instantes antes del descanso, en un saque de esquina lanzado por el argentino Alejandro Domínguez, peinada hacia atrás por Igor Denisov y que introdujo en la meta Pavel Pogrebnyak.
El tanto premió, además, la labor del goleador ruso, máximo artillero de la pasada UEFA, que fue un incordio constante en el área inglesa.
El Manchester, que tardó una hora en enterarse de dónde estaba, despertó con la entrada al campo del irlandés John OShea y del coreano Park. Con eso, y con el incansable trabajo del delantero Carlos Tévez.
Del internacional argentino salió el pase dentro del área que convirtió el central serbio Nemanja Vidic en gol y, con él, llegó la esperada reacción del equipo de Alex Ferguson.
Reaccionó el Manchester y se equivocó el Zenit, que se echó atrás en busca de un contragolpe ganador, que pudo llegar en una jugada entre Danny y Arshavin, pero que también quedó expuesto al empate.