A partir de hoy trazamos un imaginario cuadrilátero para meternos dentro de él a lanzar nuestras ideas, cual si fueran golpes, que otros pueden responder o no.
Hay una ley física que ha llegado a convertirse en premisa universal para aplicarla a otras situaciones y que dice que toda acción provoca una reacción. Ello ocurre tanto en la dimensión material, como en la inmaterial.
Lo enunciado se aplica cotidianamente en el ámbito periodístico. Cada noticia publicada o difundida es causa y motivo de comentarios o reacciones de todo tipo.
A veces lo que escribimos no es de agrado ni satisfacción para algunos aludidos, ya sea porque por error no se ajusta a la realidad de los hechos o porque "la verdad duele" y a nadie le gusta que se la echen en cara.
Con ese fundamento iniciamos este espacio de opinión. Abrimos sus puertas para nuestras opiniones personales sobre diversos tópicos del ámbito deportivo, preferentemente del boxeo y los hechos que en esta materia generan la noticia.
Desde luego, es un canal para dar cabida a las reacciones y respuestas que motiven las notas periodísticas que habitualmente escribimos en este diario.
UNA TABLA PARA EL BOXEO
Es probable que algunas personas sientan celos o no vean con buenos ojos lo que vamos a comentar y es que a nuestro juicio el boxeo es el deporte que más gloria y exaltación han brindado a Panamá.
Desde luego, de ninguna manera se trata de demeritar los extraordinarios logros deportivos que en otras disciplinas han obtenidos muchos panameños que han dado todo en los campos de competencias; por algo a Panamá se le considera "Cuna de Campeones".
La muestra más evidente que el boxeo es el deporte que más satisfacciones y glorias ha dado a Panamá es los 19 o para algunos 20 campeones mundiales que han salido de Panamá. Entre ellos el distinguido miembro del Salón de la Fama del Boxeo Internacional, Eusebio Pedroza; Roberto Durán, ubicado entre los diez mejores de todos los tiempos y Mauricio Martínez, recientemente ungido como nuevo monarca gallo de la OMB.
Pero, tanto en Panamá como en el mundo entero, desde hace años el boxeo es una embarcación que da tumbos por los tormentosos mares de la desidia y la corrupción, que amenazan con hacerla pedazos y echarla a pique.
Promotores, Boxeadores y autoridades del boxeo mundial han sido protagonistas de bochornosos episodios que han afectado sensiblemente las estructuras del boxeo. Para muestra un botón, la providencial mordida de oreja de Tyson a Holyfield; el incidente del negociado de clasificaciones de la FIB... la lista es larga.
Y si en otros lugares llueve, en Panamá no escampa. Faltan gimnasios para entrena; así como voluntad por parte de los promotores, apoderados y boxeadores para mejorar la desastrosa situación en que este deporte se encuentra.
Para rematar, es poco o nada lo que se está haciendo para fortalecer la base del boxeo profesional, como lo es el boxeo aficionado el cual desde hace buen rato sufre de un profundo letargo.
La patética realidad que vive actualmente nuestro boxeo se hace patente en los tres reveses que sufrieron el extranjero Evangelio Pérez, Leopoldo Arrocha y Amador Vázquez. Los tres besaron la lona en sus compromisos recientes efectuados en escenarios del norte.
Por otro lado, es inadmisible que un púgil como Antonio Jaramillo con récord de 18 peleas, 7 ganadas, 10 perdidas y un empate, vaya a calzarse los guantes a lo mejor sólo para servir de "saco" al titular de las 115 libras de la OMB, el nicaragüense Adonis Rivas.
La COMIBOX debe tener la última palabra al respecto, pues ni el propio apoderado del boxeador, Sergio González está de acuerdo con tan disparejo pleito.
Recientemente, el presidente del Consejo Mundial de Boxeo, el mexicano José Sulaimán, hizo un desesperado llamado para "humanizar" y salvar este milenario deporte o de lo contrario nos veríamos obligados a inexorablemente contemplar su extinción.
Si no se corrigen anomalías como las antes enunciadas a lo largo del escrito, no habrá tabla que salve al boxeo de un seguro naufragio. Poco le falta para hundirse en las profundidades de un oscuro, insondable océano.