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Tú que lo sabes todo


Un profesor de origen español, llamado Laurentino Maté, nos dictó en nuestros tiempos de escuela secundaria materias como Lógica, Filosofía e Historia de la Cultura. Durante una de sus inolvidables “cátedras”, el profesor Maté lanzó al grupo una interrogante que nunca se nos olvidó: ¿En una escala de 1 a 100, en qué porcentaje piensan ustedes que está su nivel de cultura?Todos respondimos el porcentaje que se nos antojó. Los más osados dijeron que 90%, los modestos cifraron su nivel cultural en 70%, y los más equilibrados -dizque para quedar bien con Dios y con el diablo, entre los que estábamos nosotros- respondimos casi entre dientes que 50%.

El profesor nos expresó su admiración a todos, y después nos dijo que éramos una suerte de fenómenos porque con tantos libros, descubrimientos e investigaciones que se producían anualmente en el mundo, si alguien era capaz de conocer el 10% de ellos, era una maravilla.  Así que imagínense a nosotros que estábamos volando entre el 50% y 90%.

Nunca olvidé esa lección, aunque tampoco renuncié a mi deseo de estar enterado de un poquito de todo, quizás por eso es que soy periodista.

 

Es muy frecuente escuchar conversaciones en las que alguno de los interlocutores, con ánimo de incomodar a su contraparte, antes de formularle alguna consulta antepone la expresión: “tú que lo sabes todo….

Es que el saber, o el estar al menos enterado de lo que ocurre en nuestro entorno, para algunos (felizmente no la mayoría) es suficiente para ganarse los alias de “sabiendo”, “sabelotodo”, “nerd” y el recientemente acuñado “Mr. Google”.

Si esa minoría hubiera tenido un profesor como el nuestro, seguramente aspiraría a alcanzar el 10% de los conocimientos del mundo actual, que se mueve casi a la velocidad de la luz, y que, aunque parezca un imposible, es una buena razón e inspiración para seguir en búsqueda de la verdad.

 

Trascendencia

Mi estimado Editor: Aunque esta nota llega con algo de tardanza, su esencia sigue intacta.

Bendiciones en este nuevo año para usted y su familia. Deseo expresarle mi agradecimiento eterno por la oportunidad que me ha brindado para la publicación de algunos de mis cuentos en el suplemento que usted dirige.

 

No tienen idea la alegría que se genera en mí, cada vez que recibo una respuesta afirmativa para la publicación de mis propuestas literarias. Y le confieso que mucha más alegría ver impresa aquella creación que en algún momento tomó forma y que compartí con mi esposo, mi hijo y mi amiga Mitzi.

Gracias por permitirme llegar a otras personas, por ser una puerta para los novatos que nos gusta escribir, por extender sus manos y guiarnos en el camino.

También quiero aprovechar para unirme a las personas que han solicitado un espacio en “díaD” para publicar poesías, pienso que es una buena idea y un complemento importante para un suplemento literario como “díaD”. Atentamente, Yesenia Cañate de Berrío

 

La voz del poeta

Estimado Egbert: Te escribo para agradecerte el gesto de elevar una oración por mi mejoría. Hoy martes 12 de enero me han dado de alta y estoy en casa de nuestro asiduo colaborador en díaD, mi amigo Pedro Crenes Castro, en las afueras de Madrid. Quiero aprovechar este espacio para hacer pública mi gratitud a todos mis familiares, amigos y compañeros de oficio que se han mantenido en contacto conmigo durante estos difíciles 17 días de hospitalización. Pronto enviaré algunas reflexiones inherentes a esta experiencia, sin duda paradójica: Por un lado, la lucha contra la patología de mis pulmones; por el otro, la alegría de saber que cuento con tanta gente querida y entrañable. Mientras estuve de visita en el Hospital Universitario de La Princesa, en el barrio de Salamanca, me di a la tarea de leer y escribir. En mis lecturas, pude encontrar esta perla en un libro de microensayos de Rafael Argullol: "Ninguna obra de arte es comparable a la voz amiga que ha acudido a tiempo para impedir que el cerco del desasosiego se cerrara a tu alrededor. En circunstancias extremas sólo el arte de la amistad produce obras maestras." Sin duda, Egbert, amigos, es una obra maestra volver a la vida con el honor de su amistad. Me han salvado los cuidados médicos y los antibióticos, pero, sobre  todo, la maestría del amor. Mi abrazo conmovido para todos los que estuvieron allí. Salvador Medina Barahona


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514836
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América