Deportes

Un abrazo que durará una eternidad


Jamás el mundo había sido testigo de un abrazo tan puro... un abrazo para llorar... para nunca olvidar entre dos gigantes del deporte mundial.

Era un abrazo entre un guerrero panameño que hace varios años conquistó con sus puños un sitial entre los inmortales en el mundo del deporte, y que el pasado 18 de agosto de 2008 le dio la bienvenida a un nuevo miembro... a otro hijo de la tierra del Canal.

Abrazo espontáneo que salió del corazón y con muchos destellos de felicidad, cuando el cuatro veces campeón del mundo, Roberto "Mano de Piedra" Durán, felicitaba al nuevo rey del salto de longitud en unos Juegos Olímpicos, Irving Saladino.

 

Fueron más de 20 segundos en que "El Cholo" le demostraba al mundo lo orgulloso que se sentía por la proeza histórica que había conquistado el atleta de apenas 25 años de edad... un hecho que llevó por primera vez a Panamá hasta lo más alto del podio de los Juegos Olímpicos y, que a la vez, acabó con 60 años de sequía... 60 años en que no se saboreaba el sabor metalúrgico de una presea.

Un abrazo en que el majestuoso e imponente estadio "Nido de Pájaros" de Beijing se quedó chico, ante lo inmenso que resultó ese capítulo que quedará grabado para toda la eternidad en el alma de los panameños.

Salto a la gloria.
Minutos antes de que se produjera aquel abrazo de felicidad, Saladino había registrado un salto de 8.34 metros sobre el foso de arena.

 

Fue precisamente el cuarto salto el que colocó al orgullo de la provincia de Colón en el primer lugar en la tabla de posiciones, aunque aún faltaban dos rondas para que la competencia llegara a su fin.

Sin embargo, el propio Saladino y los tres millones de panameños tenían fe y confianza de que el oro de los Juegos Olímpicos de Beijing ya presentaba un sello con nombre y apellido.

Avanzaban los minutos y los competidores intentaban una y otra vez, pero ninguno cerca de destronar la ilusión de todo un pueblo.

 

Y así fue, al conocerse el resultado final de la competencia, Saladino buscó refugio en la bandera tricolor. Sobre sus hombros ubicó el pabellón y recorrió algunos metros de la pista para saludar al público.

Su corazón se hinchaba de alegría. Era una energía poderosa que emanaba de lo más hondo de su ser.

En ese instante, cuando muchas lágrimas empapaban de felicidad rostros de miles de panameños, Saladino corrió hacia las gradas y se abrazó con el inmortal Roberto Durán.

 

Un abrazo de campeón a campeón... un abrazo de dos leyendas que se fundieron en un encuentro generacional de ídolos... un abrazo para toda la eternidad.

 


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401582
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América