En 1967, tenía yo 26 años. Vivía en Montevideo. Era el relator de radios América y Nacional, siguiendo la campaña de Cerro, en el fútbol uruguayo.
Mortimer Valdez, alto directivo de esa institución, me pidió un favor especial: recibir, en un bar de 18 y Vázquez, a un joven arquero proveniente de Salto, que habría de pedir pase, en la cercana Asociación de Fútbol, para Cerro.
Ever Hugo Almeida, de entonces 19 años, se llamaba aquel atleta del litoral que dejó imborrables huellas en la parcialidad del Estadio “Luis Tróccoli”, y especialmente en mí, encargado de narrar los encuentros, donde el formidable guardarredes fue tejiendo su nombre con la leyenda, en base a sus atajadas espectaculares, en el querido escenario de la Avenida Dr. Santin Carlos Rossi, y en los estadios donde defendía su orgullo como visitante. Cuatro años Almeida estuvo allí, pasando luego al Guaraní de Paraguay (1972) y luego al también asunceño Olimpia, donde fue titular indiscutido, y se convirtió en leyenda durante dos décadas con los títulos: diez campeonatos de Primera División, Copa Intercontinental, dos Copas Libertadores de América, una Supercopa Sudamericana, una Copa Interamericana, y una Recopa Sudamericana. Los guaraníes lo nacionalizaron paraguayo, para ser guardián del once nacional.
No puedo pedir que, con tanta fama y tanta gloria, entre tantos hombres y países, se acuerde de mí. No obstante, yo lo llevo en mis mejores recuerdos.