Nos encontramos en un escenario histórico, ante hechos nunca antes vistos en el deporte nacional. Este escenario podría desbordarse y ampliar su horizonte si hoy Bayano Kamani e Irving Saladino llegan a meterse en las finales de sus respectivas modalidades.
Estamos cansados de las derrotas y sinsabores que amargan nuestra existencia deportiva, suficiente tenemos con aquellos dirigentes atrevidos, corruptos e incapaces que tienen sumergido a nuestro deporte en el miasma de la mediocridad.
Hoy, Saladino debe saltar por encima de los 8 metros, 15 centímetros para clasificarse o al menos quedar entre los 12 mejores, mientras que Kamani tiene que luchar por quedar en el grupo de los ocho atletas que tendrán derecho a ir por el oro.
Ha sido el atletismo el deporte que más satisfacciones nos ha brindado en los Juegos Olímpicos. Es el que siempre nos ha puesto a las puertas de la gloria, aquella señora que por 60 años nos ha sido esquiva.
Atletas como Guy Abraham, en Montreal 1976, y el mismo Kamani, en Atenas 2004, estuvieron a punto de emular la hazaña de Lloyd LaBeach, doble medallista de bronce en los Juegos de Londrés 1948.
Saladino y Kamani han pedido que oren por ellos, así que empecemos a hacerlo.