El mariscal de campo Tom Brady y los Patriotas de Nueva Inglaterra dieron otra demostración de su poder con la victoria que lograron por 38-35 ante los Gigantes de Nueva York, en su último partido de la temporada 2007, que la coronaron sin conocer la derrota y tener marca perfecta.
Esta vez la victoria iba a adquirir una dimensión histórica porque los Patriotas se convertían en el segundo equipo que lograba el invicto, pero los primeros de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) con 16-0.
Sólo los Delfines de Miami, en la temporada de 1972, habían conseguido estar perfectos, pero entonces sólo se disputaban 14 partidos.
Si lo anterior ya era motivo más que suficiente para colocar a los Patriotas en el grupo de los equipos históricos, no sólo de la NFL, sino del deporte profesional estadounidense y del mundo, su aportación en la temporada del 2007 ha ido mucho más lejos al establecer cinco nuevas marcas.
Dos de los jugadores, que hicieron posible estas marcas y la última victoria de los Patriotas, fueron Brady y el receptor Randy Moss, que llegó a su nuevo equipo falto de credibilidad y surgió como la conexión perfecta con el mariscal de campo estrella.
Como era de esperar, los récords de Brady y Moss se dieron en la misma jugada, una conexión de 65 yardas en el último cuarto, que llegó inmediatamente después de una jugada similar que no resultó, porque el balón se le quedó en las puntas de los dedos al receptor estrella.
Moss se fue sólo en una ruta profunda por derecha, mientras Brady contenía el balón en sus manos y el mundo de los rivales que lo querían alcanzar para antes lanzar un pase que quedó un poco retrasado.
El receptor estrella ya se había posicionado mientras el balón iba por el aire y giró para atraparlo, pero no lo consiguió, aunque el balón dio en sus manos.
Sólo era cuestión de esperar a la segunda oportunidad, que estando Brady en el campo iba a llegar porque para eso es el mejor mariscal de la NFL.
El Estadio de los Gigantes, que registró un lleno en su gradas a pesar de las adversas condiciones climatológicas, y aunque el público estaba muy metido con su equipo, al final tuvo que rendirse ante la grandeza de Brady y Moss que en la segunda oportunidad de hacer historia no fallaron.
Esta vez, Moss corrió el mismo camino, y el balón lanzado por Brady cayó delante de él, para que el receptor no tuviera que detener su marcha directo a la zona de anotación y donde se iba a escribir otra página histórica para el fútbol de la NFL y los Patriotas.
"La primera vez me quedé corto", admitió Brady, "así que la segunda vez intenté redimirme. Lancé el balón lo más lejos que pude, y por suerte él lo encontró".