Acá, en Barranquilla, Colombia, al equipo panameño lo veo más unido que nunca por conseguir un objetivo: entrar en los octavos de final del Mundial Sub-20. Lograrlo no sería poca cosa, sino un éxito total y rotundo que afianzaría aún más lo que se viene haciendo con la Sub-17 y con la Mayor.
Para mí, si Panamá le gana a Egitpo no es casualidad. Panamá tiene potencia, velocidad y fuerza para sacar los tres puntos, pues lo que se quiere conseguir es hacer historia, algo que cambie un destino y que deje huellas importantes de a poco.
Esta Roja, que entrenó ayer por primera vez en Barranquilla, cuenta con un gran grupo humano que rema hacia el mismo lado. Además, José Alfredo Poyatos, bajo la vigilancia de los Dely Valdés, le ha dado su toque a este proceso. Eso es de admirar.
Por su parte, Egitpo pinta como un equipo fuerte, pero solo pinta, porque todavía tiene un punto, lo que significa que tiene lo mismo que Panamá y las mismas posibilidades para el duelo de mañana.
Si los istmeños hacen algunos retoques, se cambian un poco el chip y ponen de su parte, pueden darle el golpe a un Egipto que, tras lo demostrado ante los brasileños, es clara favorita "en los papeles" para quedarse con los tres puntos y con el pase a la otra ronda, a la que solo llegan los más listos.
La hora de la verdad ha llegado... Para mí, el equipo de Panamá se quedará con la victoria, pues veo que tienen hambre de triunfo y de gloria. Desde acá, desde Barranquilla, vamos, mi Panamá.