“El español es el idioma oficial de la República”.
Así reza el artículo 7º de la Constitución de la República de Panamá.
Todos los ciudadanos (cultos o no, pero sobre todo los que se precian de cultos, educados, preparados, instruidos o versados) estamos obligados moralmente a preservar y a emplear bien uno de nuestros más preciados valores culturales: el idioma.
La época del buen decir.
.. ¿ya pasó?
¡Cuánto extrañamos las dotes oratorias de Juan Materno Vásquez, de Rómulo Escobar Bethancort; la palabra fina y cuidada de Guillermo Rodolfo Valdés, Víctor Martínez Blanco, Justo Fidel Palacios, Jorge Carrasco; la palabra acendrada y atinada, llena de múltiples matices, de Elsie Alvarado de Ricord, de Stella Sierra, de María Olimpia de Obaldía y de Ester María Osses.
La primera magistratura del Estado
Por ser el vocero principal de la Nación, el embajador por antonomasia de Panamá, el Presidente de la República (quienquiera que sea) debe preocuparse por hablar con un mínimo de “decoro, corrección, elegancia, fluidez y coherencia”.
Un estadista no lo es necesariamente por la forma elegante como habla, pero ciertamente, no solo cuando se enfrenta diariamente a los medios de comunicación (como una ventana a la comunidad) el mensaje que se envía abona a favor del buen uso del idioma, que se inculca en las escuelas y que debe ser signo de cultura y de educación.
Aunque no soy necesariamente un correligionario, pondero el cuidado en la expresión verbal de hombres públicos como Ernesto Pérez Balladares y Ricardo Arias Calderón, porque elevaron el lenguaje a su categoría y a la magistratura que representaban.
Un presidente debe ser ejemplo. Cierto que no es un académico, cierto que no es un “maestro” en el sentido pedagógico de la palabra. Pero es (quiera o no) el modelo de los ciudadanos, la voz que nos representa en el gran foro nacional y, por supuesto, en los foros internacionales.
Meduca, INAC y Academia
No se concibe un ministro de Educación que no cuide el idioma. Un ministro de Educación que empate las palabras como quien arma un rompecabezas si hallar nunca las piezas. Si alguien en el equipo ministerial tiene el deber de velar porque el idioma español se prestigie, se preserve y se luzca en todo su esplendor, ese es el ciudadano que, por designación presidencial, dirige el más importante ministerio de este país junto con el de Salud.
¡Qué decir del INAC!
No importa si al frente de dicha entidad se designa a un pintor, a un escritor, a un artesano, a un músico, a un historiador, etc. Esta persona regenta la cultura del país. Y la lengua es signo vital de esa cultura, manifestada no solo en la literatura sino en el habla. Pero la “cultura” es el signo identificativo, y un Director del INAC no puede menos que ser persona amante de la cultura, promotor de ella, celoso guardián de su existencia y su vigencia.
Cuidar el idioma, promover su buen uso, coadyuvar a ello y erradicar la “chabacanería”, el diario “vejamen” y la “muerte lenta” a que es sometido el idioma en los medios de comunicación, principalmente en la radio, y más significativamente en la televisión” debe ser una preocupación, una meta, entre muchas otras, de quien dirija el INSTITUTO NACIONAL DE CULTURA.
La Academia, por su parte, tiene también una función principalísima, que el pueblo espera ver reflejada en un hacer más notorio, más palpable.
Una Academia que tenga más presencia efectiva en los colegios, entre los profesores de Español (principalmente) y entre los periodistas. Que recomiende, sea escuchada y además consultada y tomada en cuenta.
Los decisorios medios de comunicación
Son una ventana abierta. Y a ella se asoman todos los días, con esplendorosa seducción, los estudiantes, que aprenden de los “comunicadores sociales” una jerga que degrada el idioma. Muchos de estos “pseudocomunicadores” se precian de hablar como hablan, de gritar, de mascullar las palabras, de seleccionar las más vulgares y malsonantes, de enaltecer la chabacanería, de ponderar el habla de germanía.
Afortunadamente, gente sensata todavía sobrevive en medio de este maremágnum. Me refiero a gente que admiro como Luz María Noli, Álvaro Alvarado, Hugo Enrique Famanías, Hermes Sucre, Rosalina Orocú, Julio Miller, Santiago Cumbrera y un cúmulo de buenas “plumas”.
La acción de la escuela
Esta es, finalmente, la forma legitimada de estabilización social del lenguaje. La escuela debe propender al buen uso del lenguaje, sin discriminar las otras formas o niveles de la lengua. Al estudiante hay que orientarlo, inducirlo hacia el empleo de la lengua culta. Pero mejor, hay que convencerlo de las bondades del buen uso del idioma y de la utilidad de la lectura.
Los profesores de Español, principalmente, y todos los educadores, deben ser ejemplo del buen decir.