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Un extraño perfil de tigre


El tipo de relación que me encanta es cuando me tratan bien. Con mucho amor. Pero a veces me equivoco y quedo dudando acerca del concepto que tengo del amor idealizado. También me encanta chatear sin importarme la hora para dormir. Paso horas enteras conversando de las cosas absurdas que me suceden a diario con mis amigas del “ponchi clan”.

Mi vida se enmarca dentro de lo que para mí es el amor. Recibí el primer desafecto de parte de quien confié todo. Hasta el punto de entregarme en una prueba solicitada. La entrega me provocó un hondo pesar anímico. Me sentí burlada por el sinvergüenza que dejó mi cuerpo maltratado físicamente y emocionalmente herido.

Una noche en mi computadora, encontré un mensaje extraño en mi línea para conocer amigos. Mi asombro fue tan grande. Quedé inquieta. Con la lectura del recado, adiviné que era una persona especial que se presentó en mi vida. Dudé mucho en responder a la solicitud. Contesté con una afirmación. Quedé chateando con mi misterioso y nuevo amigo durante meses.

 

Le pregunté tantas cosas acerca de su vida. Había noches que no me importó el paso de las horas. A veces apurada, me dirigía al baño. Por ese apuro de llegar a la universidad, dejaba abierta la computadora. Me imagino que mi extraño amigo esperó seguir la conversación.

La foto de mi extraño amigo no aparecía. Sólo un tigre de la India me mostró en su perfil. De verdad será un tigre, ¡huuuummm! Qué emocionante. Tendré mi propio safari porque de que lo cazo, lo cazo. Él me dio su dirección. La de una clínica privada. Esa noticia me tiene asustada. Me siento tan atraída hacia a él porque tiene una manera de explicar acerca de los asuntos del corazón. Me siento muy enamorada. No sé si es de mi extraño amigo o todavía del patán que me dejó hecho trizas con el dolor y en patas arriba.

Esta mañana me dirigí a la clínica. Pregunté nerviosamente por el señor José. Pensé que el nombre era ficticio, que nunca existió el tal José. La enfermera, muy atenta, me hizo esperar unos minutos. Me sentí impaciente y nerviosa, por esas ganas de conocerlo. En mí renació hacia a él una atracción inexplicable. Grande fue mi sorpresa cuando se presentó un señor, cuya edad estaba en la mitad de su vida y sin poderse levantar de su silla de ruedas.

 

Regresé a la realidad cuando la enfermera lo presentó como el señor José. Tenía unas ganas de gritar y salir corriendo. Pero tuve fuerzas para acariciar su mano. Pronto me despedí de él. La enfermera explicó que la visita sólo era por unos minutos porque José, por un nerviosismo, se mantuvo despierto frente a la computadora portátil sin poder conciliar el sueño por una visita anunciada.

Lo vi alejarse muy triste y con una pequeña sonrisa que se asomó por sus labios. El tal José comprendió que no volvería a verme más. Vi alejarse el amor platónico. Ahora sé mi verdad, tan sólo estoy enamorada de su forma de contar las cosas de la vida que siguen siendo inciertas para mí en asuntos del amor.


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574659
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América