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Un hombre al servicio de su patria

Sorteó, con maestría insuperable, todos los obstáculos puestos en su camino por los diplomáticos norteamericanos, especialmente por el representante permanente de Estados Unidos que más tarde estaría en la Casa Blanca, George Bush.


Definir a una persona mediante algunos conceptos y en pocos términos resulta muy difícil, en realidad imposible. Trataré, sin embargo, de definir a Aquilino Boyd como un gran nacionalista, un excelente diplomático y un hombre dominado por el sentimiento de servicio a su patria e impregnado del sentido y el valor de la dignidad.
Joven abogado, Aquilino Boyd incursiona rápidamente en la vida política y es elegido diputado en 1948. En la Asamblea Nacional, que llegará a presidir y en donde estuvo durante cuatro períodos consecutivos, demostró su pasión nacionalista que se manifiesta, con brillo especial , en la jornada del 3 de noviembre de 1959 cuando el ex ministro de Relaciones Exteriores encabeza la manifestación pacífica de patriotas a la Zona del Canal para plantar allí la bandera panameña, gesto que por primera vez despertó la encendida alarma en los más altos círculos del gobierno en Washington. Esa pasión nacionalista aparece también en sus actos como canciller del presidente Ernesto de la Guardia cuando gestiona la adopción, por el Congreso de Estados Unidos, de la legislación de implementación del Tratado Remón-Eisenhower de 1955 que se encontraba estancada, y cuando se opone a las pretensiones norteamericanas para instalar radares en la nueva era atómica en territorio panameño fuera de la Zona del Canal. Pasión nacionalista que no desmayará a lo largo de su vida hasta la hora final.
La pasión nacionalista de Aquilino Boyd es el motor de su actuación como diplomático y la excelencia de sus resultados la marca de su acción. Primero, en calidad de canciller de 1956 a 1958 y luego, como embajador en México, pero, sobre todo, como representante de Panamá ante la Organización de Naciones Unidas de 1962 a 1976. Allí se manifestó el gran diplomático que logró, como ningún otro panameño, un triunfo tan resonante y definitivo. Fue
el primer artífice de la internacionalización del caso del Canal de Panamá durante el régimen del general Omar Torrijos, iniciativa que contó con el respaldo decidido del canciller Juan Antonio Tack y del Grupo Asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Aquilino Boyd logró la elección de Panamá en la Asamblea General de la ONU para ocupar uno de los dos puestos que correspondían a la América Latina en el Consejo de Seguridad a partir de enero de 1972. Luego propuso, en la primera reunión de dicho Consejo fuera de su sede de Nueva York, celebrada en Addis Abeba, Etiopía, una segunda reunión en nuestra capital. Sorteó, con maestría insuperable, todos los obstáculos puestos en su camino por los diplomáticos norteamericanos, especialmente por el representante permanente de Estados Unidos que más tarde estaría en la Casa Blanca, George Bush. Finalmente trajo a nuestra capital, en marzo de 1973, al Consejo de Seguridad que sesionó en el Palacio Justo Arosemena, en el límite de la Zona del Canal, con el propósito de atraer la mirada del mundo y, mediante el revuelo noticioso, la del pueblo norteamericano a la infamante situación colonial que se vivía en el centro de América.
El triunfo fue tan completo que el todopoderoso Henry Kissinger,secretario de Estado y Asesor de Seguridad Nacional del presidente Nixon, se enfocó por fin en Latinoamérica y en Panamá y once meses más tarde firmaba en nuestra capital, con su colega Juan Antonio Tack, el Anuncio Conjunto que llevan sus nombres y que será la base del tramo final de negociaciones que terminan en los tratados Torrijos-Carter de 7 de septiembre de 1977.
Más adelante Aquilino Boyd se distinguió como diplomático ejemplar en su condición de canciller nuevamente de abril de 1976 a febrero de 1977 cuando firmó en Cartagena y con el ministro de Relaciones Exteriores de Colombia el Tratado de Delimitación de Areas Marinas y Submarinas entre nuestros dos países, y cuando logró reanudar con la nueva administración de Jimmy Carter las negociaciones sobre el Canal de Panamá que se encaminaron a su fase final. Se distinguió más tarde como embajador de Panamá ante el Gobierno deEstados Unidos de 1982 a 1985; representante ante la ONU de 1985 a 1989; embajador en el Reino Unido de 1994 a 1997, y representante ante la Organización de Naciones Unidas de 1997 a 1999 fecha en la cual culmina su carrera de esmerado servicio a su país.
La personalidad de Aquilino Boyd estuvo adornada de muchas cualidades entre las que contamos la inteligencia, la caballerosidad, la firmeza y la elegancia. Pero entre ellas sobresalía el sentido de la dignidad. Como en pocos brillaba este rasgo de carácter que se reveló, de manera excepcional en nuestro medio, cuando en 1955 fue uno de los ocho diputados que se rehusó a condenar al expresidente Guizado en un juicio infame y cuando en febrero de 1977 no dudó en renunciar al cargo de ministro de Relaciones Exteriores por discrepancias con el jefe de Gobierno. Dignidad que impregnaba su comportamiento en todo momento que ostentaba la representación de la República de Panamá. Dignidad que era conciencia profunda del apego a su patria y a su pueblo, con el que se identificaba como el ardiente defensor de sus intereses y de sus derechos. Aquilino Boyd dedicó la mayor parte de su vida adulta al servicio público. Lo hizo por convicción y no por necesidad y en esa misión se hizo acompañar, con fidelidad y fuerza insuperables, por su esposa Dora Brin de Boyd quien siempre demostró a más de una innata distinción, el decoro, la paciencia y la entereza para enfrentar un destino marcado por el éxito pero también por los obstáculos y las dificultades del político, del diplomático y del gran patriota. Su fallecimiento me ha conmovido y ha sido ocasión para honrar, en algunas líneas, la amistad que nació al calor de las luchas con la finalidad de lograr resolver la cuestión del Canal de Panamá desde principios de la década de 1970 y que se fortaleció en muchas otras batallas diplomáticas a lo largo de las dos décadas siguientes. El recuerdo de su personalidad y de su acción deben quedar como ejemplo para las generaciones de diplomáticos panameños y de patriotas que ganarán inspirándose en una experiencia personal extraordinaria que se funde con lo mejor de nuestra historia reciente como nación.
Panamá, 13 de septiembre de 2004


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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