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Un hombre, muchas historias

Para quienes ni se imaginan, el mar que apreciamos desde la Cinta Costera, antes llegaba hasta el área que hoy ocupa la escuela República de Venezuela.


Zulay Espinosa V. (diad@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Corría el año 1925, cuando un grupo de ciudadanos abogaba porque no se elevara el precio de los arrendamientos mediante el conocido Movimiento Inquilinario que, en medio de las protestas, dejó como resultado la muerte de más de 25 inquilinos. En las postrimerías de ese año, nace un hombre que ha sido grande, fuerte, un luchador, economista, educador, psicólogo, médico, consejero, independientemente de cualquier error, necesario para hacer crecer a un ser humano y, eventualmente, convertirlo en sabio. Ese hombre es mi padre, Andrés De La Oliva Espinosa, quien hoy vive con gallardía sus 86 años rumbo a los 87.

Vivió muy de cerca el enclave colonial americano en Panamá, así como los trágicos hechos acaecidos el 9 de enero de 1964, cuando tenía 39 años, pues su vida se desarrollaba en el área de Calidonia, Santa Ana, El Marañón. También fue testigo de la firma del Tratado Torrijos Carter, mediante el cual esas mismas tierras fueron devueltas a Panamá gradualmente.

Andrés De La Oliva Espinosa es como un libro en carne y huesos que guarda un cúmulo de sucesos históricos que nosotros, sus seis hijos, conocemos porque hemos crecido en medio de sus reiteradas explicaciones. Aún es un misterio quién mató al presidente José A. Remón Cantera el 2 de enero de 1955. Mi padre estuvo muy de cerca en el Hipódromo Juan Franco, donde él y otros miembros de la familia fungieron como palafreneros de caballos por muchos años.

Debido a lo anterior a esa vinculación, recuerda a reconocidos ejemplares nacionales como Tojo, Don Toto, Atlante, Manut, Montecarlo, El Magnífico, El Mandamás, Golden T-shirt y Evaristo, solo por mencionar a algunos.

Pero la hípica no es su única pasión. Nos enseñó a vivir en medio del ambiente deportivo, cualquiera que fuera la disciplina. En sus conversaciones, siempre recuerda al primer hispano en ser campeón del mundo en el boxeo profesional, el panameño Teófilo Panamá Al Brown, quien falleció cuando mi padre apenas contaba sus 26 años.

De Al Brown recuerda que le pegaba a su oponente y le decía al árbitro “quítame los guantes”, porque estaba convencido de que lo había noqueado, aunque el boxeador estuviera aún de pie. Y en efecto, así era, el contendor se desplomaba. También recuerda con jocosidad que Brown podía estar en un hospital prendido en fiebre y se escapaba para ir a boxear. Hay boxeadores como José Chato Lombardo, John Finnigan, Carlos Ambrosio e Ismael Laguna que todavía dan vuelta por su mente.

Desde pequeños aprendimos a seguir las cartillas de boxeo, lo que todavía hoy hacemos, generalmente reunidos en familia. Antes, llevaba un registro en varios cuadernos de cada cartilla que se daba, al inicio casi siempre por la radio; posteriormente, en televisión. Y aprendimos a anotar los resultados. ¡Aquellos tiempos! Así nos familiarizamos con nombres como Hormiguita Hidalgo, Laguna, Luján, Pedroza, Riasco, Ríos y tantos otros; y con términos como nocaut, nocaut técnico, decisión unánime, decisión dividida …

No se escapaba un deporte, ni las participaciones de los deportistas panameños en el extranjero, lo cual no ha cambiado al día de hoy. Los programas de comentarios deportivos se escuchaban por ley en casa y todavía se encuentra pegada en una vitrina de la casa, una calcomanía de los XI Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en Panamá en 1970.

Su memoria también registra el paso del ferrocarril por la 5 de Mayo, el uso del tranvía y las chivitas, así como el ferri para quienes viajaban de la ciudad al interior y viceversa. Y para quienes ni se imaginan, el mar que apreciamos desde la Cinta Costera, antes llegaba hasta el área que hoy ocupa la escuela República de Venezuela.

Hay mucha tela por cortar, como la moda, música, cantantes de antaño, carnavales ‘de verdad’, cine, películas y otros cuentos que compartiremos con un café en otra ocasión. Lo cierto es que todo ser humano guarda gran cantidad de sucesos históricos a lo largo de su vida y corresponde a sus hijos darle continuidad entre los suyos. Si tienen a su padre vivo, tomen tiempo en conversar con él y compartir sus vivencias, pues es la esencia de su vida y de las suyas. Como escribió Ricardo Miró “la patria es el recuerdo…”


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823302
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América