Comenzó como siempre, con desfiles de astros del ayer distante y reciente como Willie Mays, Hank Aaron y Cal Ripken, celebrando los grandes momentos del béisbol. Para cuando se cantó el out final del Juego de Estrellas, la impresión era que nadie quería recordar nada.
A pesar del jonrón de Barry Bonds y del robo de otro cuadrangular, cuando Torii Hunter saltó sobre la valla de 8 pies para capturar el toletazo, los aficionados abuchearon y lanzaron botellas cuando se puso fin al partido, en momentos en que el juego estaba empatado 7-7 en la undécima entrada el martes en la noche y los equipos se quedaron sin lanzadores.
"Quiero aprovechar esta oportunidad para disculparme con los aficionados"", dijo el comisionado Bud Selig. "Es una situación lamentable"". Aparte de la preocupación que han causado la posibilidad de una huelga de peloteros y el uso de esteroides, el rarísimo final dejó mal sabor. Un aficionado, Tim Dugan, se quejó de que "estos muchachos van a ir a la huelga y ahora hacen esto"".
El estadio Miller Park estaba lleno a capacidad (41.871) cuando la multitud comenzó a pedir a gritos que el juego siguiera; otros clamaban por la devolución del dinero. El final vino cuando el venezolano Freddy García ponchó al puertorriqueño Benito Santiago.
Algunos aficionados en las graderías del jardín derecho comenzaron a lanzar botellas para protestar contra la decisión, luego de que Selig conversara con los dirigentes y pusiera fin al partido.
Selig, que reside en Milwaukee y que administró a los Cerveceros, supuso que el partido que divide la temporada en dos, serviría de bálsamo a las tribulaciones que estremecen al deporte. Sin embargo, no tuvo nada de suerte.
Tampoco se seleccionó al Jugador Más Valioso. Esto no pudo llegar en peor momento, dado a que el premio comenzó a llamarse Ted Williams, en nombre del ex astro de los Medias Rojas fallecido el viernes pasado.
Selig explicó que la decisión fue tomada porque "ya no quedaban jugadores, no quedaban pitchers. Este no es el final que yo esperaba. Era un callejón sin salida"".
Aun cuando algunos jugadores dijeron estar de acuerdo, en vista de que muchos partidos de la temporada de entrenamientos quedan inconclusos por la misma razón, el anuncio causó desazón entre los aficionados.
Tanto fanáticos como los medios se dieron cuenta de que algo se cocinaba cuando en la 11ma y con el partido empatado, se reunieron los dirigentes Joe Torre de la Liga Americana y Bob Brenley de la Liga Nacional y el árbitro principal Gerry Davis con Selig, que estaba sentado en la primera fila sobre el dogaut de primera base.
Torre dijo sentirse apenado por la decisión que tuvo que tomar Selig. "Bob y yo hablamos. No se puede complacer a todos. No es posible se pueda ver jugar a la totalidad de peloteros"".