El contacto humano, me refiero al físico, es fundamental para conocer de veras al otro, a los otros. Rasgar una guitarra no es hacer música, cualquier trazo no es pintura, así como el amor no necesariamente es el roce de “dos parcelas de carne” como dice la inmensa M. Yourcenar en sus Memorias de Adriano… Más bien es una comunicación que trasciende los fluidos del cuerpo.
Se sabe de buena tinta que a eso que llaman amor es un batido de física y química, la biología del afecto y sus efectos… Vaya, Álgebra de Baldor…
¿De qué hablo? ¿A dónde quiero llegar? Quisiera sugerir, a usted que lee, que para el nuevo año, que nos hemos ganado tan solo porque estamos vivos, haga un solo propósito, no hay que perder la costumbre. No se preocupe por el peso, ni cambie de hábitos (que los malos son los mejores), no se decida a estudiar nada, ni a viajar, si la vida misma ya es el viaje… quédese con sus viejas mañas, que muy bien le ha ido hasta ahora y se le ha hecho tardecito como para cambiar…
La propuesta es que se escriba en su piel, en su día a día y su correspondiente nocturno, como quien dice entre pecho y espalda, un libro de abrazos. Nada que ver con la obra de Galeano, que bien nos vendría leer. Abrazos de saludos, de salidas, amistosos, con cargas de profundidad. Que no pase un día sin ofrecer, como pan cotidiano, el calor del afecto que se expresa mediante esta acción simple que tan solo la mueve el combustible de la admiración, el respeto, el cariño.
Ni siquiera hay que ir muy lejos: empiece por su casa, los hijos, la bien amada, los hermanos. ¡La suegra! ¿Por qué no? Luego los vecinos y por ahí se va… a veces creo que el principio de la felicidad es el tiempo de libertad que nos regalamos y compartimos con el prójimo. Con aquellos que les escuece el bochorno valdrá el estrechón de manos, la palmada en el hombro.
Recupere a su humano, a lo de gente que le determina como la mejor parte de este mundo devorado por tantas fobias, pero que todavía vale la pena para “vivirlo”.
Hace algunos años inicié mi libro de abrazos, y aquellos que me han permitido este simple ejercicio de ternura testimonian la trascendencia de su eficacia. Abrazos...