Como el país, ha venido de menor a mayor, en un esfuerzo sostenido que ha ido produciendo iconos, obras singulares y debatiéndose entre la terquedad de la vocación y los vericuetos del destino. Dionisios, la risa, el llanto, la crítica, el drama, las tablas, Grecia...el teatro.
No sólo es el empeño sino las ganas de crear, el compromiso, la manifestación para un arte que en los cien años de Panamá presentó obras osadas, pedazos de la historia y retratos inolvidables, alimentándose de la vivencia cotidiana, de la vieja herencia de un mundo que demostró en miles de años, toda las posibilidades que allí existen.
Y los actores siguieron haciendo teatro, riéndose de la vida, llorando con ella y martillando con la ironía, como un escultor que con sus herramientas va perfeccionando la obra, y ellos, los actores contribuyendo a perfeccionar la sociedad con sus reflexiones en voz alta, voz baja y a veces muda. Una elocuente manera de decir eso lo hicimos mal, podemos hacerlo mejor...pero diciéndolo, sin que por ello nos sustraigamos de los estrechos límites en que navega todavía.
Los actores, el alma del teatro. Y esta semana nos propusimos conversar con uno de ellos. Un joven director que con doce años en el oficio, y muchos más en la actuación, apuesta por la persistencia, la perfección del lenguaje escénico y la ampliación de sus fronteras: Edwin Cedeño.
Los contactamos esta semana cuando estaba apunto de partir a España para un curso sobre Documentación Teatral, porque, obrero del arte, no sólo lo vive sino que lo registra, lo busca, lo cuestiona y lo sacude cómo en un afán por arrancarle todas sus posibilidades.
Pese a su juventud el teatro es para él un viejo amor que se remonta a sus años de adolescente cuando realizaba sus estudios secundarios en el Instituto Fermín Naudeau, donde participa en "sketches" y sociodramas que lo llevan a asentamientos campesinos y otras zonas rurales, "donde a través del teatro se reflejaban los problemas que atravesaba la comunidad y se identificaban posibles causas y opciones de soluciones".
Esa experiencia estudiantil me llevó al Teatro Rodante del INAC -indica- que dirijía Eugenio Fernández en 1977. Hicimos una versión latinoamericana de "Alicia en el país de las Maravillas". Así, logramos realizar más de 50 presentaciones a lo largo de todo el país en una especie de teatro popular cuyo escenario era cualquier espacio encontrado, desde gimnasios hasta parques.
Debo mencionar el Primer Festival Internacional de Teatro que se dio en Panamá en 1975 como un hecho que marcó mis horizontes. Luego, en mi época universitaria, tuve la oportunidad de estudiar teatro a nivel de talleres y montajes con Jarl Babot. Junto con él, Héctor Rodríguez y otros estudiosos del teatro cuya actitud académica y artística ha sido detonante en mi formación.
Edwin Cedeño: Hacíamos de todo. Hoy día los grupos son manejados por productores que hacen todo el trabajo de ventas principalmente, y los actores se dedican a trabajar sus líneas y personajes con los directores. Esto no es malo, para nada, pero creo que en el proceso teatral, todos los involucrados deben tener o haber tenido contacto con todos sus componentes. Es muy enriquecedor crecer en medio de una amalgama de pinturas, telas, pieles, madera, cables, maquillajes, pelucas, vestuarios, épocas, martillos, utilería, gomas, emociones, luces, acción... Creces de forma correcta y entiendes el fenómeno teatral desde una perspectiva global. Y aquí surgen las anécdotas mas interesantes que contar.
Tuve la oportunidad de estudiar teatro a nivel de maestría y a partir de entonces mi vida cambió de forma radical. La academia no solo te enseña a entender el complejo fenómeno de la creación teatral sino que te ayuda a tomar decisiones sobre tu vida profesional y el papel que juegas ante la sociedad como un ente que trabaja cultura.
Edwin Cedeño: Soy de padre español y de madre chitreana. Inicié mis estudios primarios en Chitré de donde tengo mis raíces y luego emigré a la ciudad donde me recibí en la Escuela República de Chile. Luego 6 años de secundaria en el Naudeau donde obtuve mi título de Bachiller en Ciencias. Estudié Teología varios años aquí en Panamá y en Estados Unidos. Con esta experiencia académica tuve la oportunidad de crear y desarrollar un programa artístico para los jóvenes de iglesias rurales lo cual me llevó a ejecutarlo incluso en Puerto Barrios, Izabal, Guatemala, en tiempos de la guerrilla centroamericana. Hay muchas anécdotas aquí... Luego realicé mi licenciatura en Comunicación Social en la Universidad de Panamá, con énfasis en Publicidad, en medio de la crisis de los ochenta. Tenía que presentar mis semestrales en medio de lacrimógenas, por ejemplo.
Realicé otros estudios muy importantes en ese proceso de búsqueda. Tengo un postgrado en Desarrollo Cultural (OEA-Venezuela) y una Maestría en Teatro (Fulbright-New York)
Mi ilusión era estudiar medicina o biología, la cual empecé. Incluso me gané una beca parcial para estudiar Terapia Ocupacional en Brasil pero por limitaciones presupuestarias no se pudo concretar. Me decepcioné mucho y me salí del área de la medicina. Cuando me gradué de secundaria, Eugenio Fernández me tenía una oferta de beca para estudiar Teatro y Cine en Moscú y no se pudo concretar tampoco por razones familiares. Lamenté enormemente que mi vida académica diera tantos tumbos y no se concretaran todas la oportunidades de becas que me surgían. Me hice varios exámenes psicológicos y de habilidades para orientarme sobre mis perspectivas académicas los cuales concluían que yo podía estudiar lo que quisiera pues mi IQ era por encima de 100. Esto me confundió más todavía.
Edwin Cedeño: Reconozco la labor de Roberto McKay y Pepe Sarsanedas como precursores del teatro panameño contemporáneo, de esta generación de los últimos 40 años. Han habido otros como el Padre Condomines y José Díaz que han sido de gran influencia que, aunque no tuve la oportunidad de conocerles, crearon seguidores.
Edwin Cedeño: Esto es una falacia: CASI TODAS LAS OBRAS NACIONALES SE HAN MONTADO. Son pocas las obras de autores panameños que no han sido llevadas a escena. Tenemos el Festival de Teatro Panameño como prueba de esta dinámica. El tema de la calidad del montaje de estas obras es otro asunto que debe discutirse con la dirección artística, la producción y el autor. Si, considero que los dramaturgos panameños deben estar más en contacto con las producciones y directores del medio, pues no se puede crear un movimiento si no hay cohesión. Igualmente los dramaturgos deben plantearse si escriben teatro para ganarse el Miró o para llevar la dramaturgia panameña a un desarrollo que pueda compararse con estándares internacionales; o bien si son escritores en general y que han escrito un par de obras, pues el oficio de la dramaturgia tiene particularidades únicas, las cuales son muy exigentes.
Edwin Cedeño: Absolutamente. Hacer una obra del tipo de "El Inspector", involucra un gran riesgo económico. Pero hay que hacerlas.
Edwin Cedeño: Hay una diferencia entre público y clientela. Hoy día, las producciones cuentan con una cartera de clientes que de alguna manera llevan público a las obras. Sin embargo, es muy difícil medir la reacción del público cuando la decisión de asistir al teatro ha sido motivada por otras causas excepto el interés personal por ver la obra. Sobre esto hay un libro de Lucina Jiménez que se titula TEATRO Y PÚBLICOS en el que hace un estudio intensivo de este fenómeno. El teatro tiene que ser rentable, sin embargo hay que preguntarse hasta donde se puede llegar en ese afán de rentabilidad, pues el impacto del teatro es a nivel de valores sociales y culturales lo cual se mide a mediano y largo plazo en las sociedades consumidoras de espectáculos teatrales.
Edwin Cedeño: Debo admitir que al igual que el país, el teatro es joven. Debemos aprender a articular los proyectos teatrales de manera que sean reconocidos a nivel estatal y a nivel de comunidad, es decir debemos luchar para ganar ese espacio. Es necesario contar con el respaldo del estado así como también de la empresa privada, de los sectores educativos, y de la comunidad civil en general. Una sociedad creyente del valor del arte en el desarrollo de los pueblos es una sociedad culta y con personalidad propia, con gente que respeta la paz y los derechos individuales y colectivos, que además exige la permanencia de los espacios escénicos de forma permanente al igual que la diversidad estilística.
Edwin Cedeño: Eso depende de muchos factores. A veces tienes una pieza accesible pero estilísticamente muy complicada. En otras ocasiones el texto y el estilo no te dan mayores problemas pero el proceso de producción te saca canas. Tengo grandes satisfacciones, por ejemplo de EL SEÑOR DE LAS PATRAÑAS, de Jaime Salom, última obra de Don Harry Iglesias, una pieza contemporánea que ocurre en el siglo XV en una España rural. Igual fue la puesta en escena de LA GUERRA EMPIEZA EN CUBA. Entre las piezas de mayor investigación y entrega han sido EL INSPECTOR de Gogol, FAUSTO de Goethe y EL PAJARO AZUL de Maeterlinck. Textos complicados y estilos muy difíciles poco accesibles al público local, por lo que requiere mucho trabajo de preparación personal y de formación para el elenco y el equipo artístico.
Edwin Cedeño: Participé en un Festival de Teatro en Venezuela en 1991 con la obra RECETA ORIGINAL, adaptación del original de Victor Valdelomar Mora. Fui gratamente sorprendido cuando la critica especializada catalogó nuestro espectáculo como uno de los 6 mejores del Festival. Fue la primera pieza escénica que tocaba el tema de la invasión a Panamá. Con esta misma obra nos fuimos de gira a diferentes ciudades de Costa Rica. En New York (Albany) dirigí ON TIDY ENDINGS de Fierstein y LA EXCEPCIÓN Y LA REGLA de Brecht, logrando 2 reconocimientos como director por parte del Kennedy Center for the Performing Arts.
Edwin Cedeño: Este siglo ha visto el mayor despliegue de corrientes y estilos teatrales jamás observado en toda la historia de la humanidad. Me llama mucho la atención las formas no realistas como resultado de la combinación de otras tantas, que es lo que se conoce como eclecticismo, siendo precursor el germano-austriaco Max Reinhardt quien estableció un puente entre el realismo y las formas no realistas. Creo firmemente en la propuesta del ruso Yevgency Vakhantov cuando establece que cada producción tiene su estilo inherente, derivado del texto, la representación y el público potencial. Este siglo parte de los principios del realismo teatral ruso con Stanislasvki y Chejov por ejemplo y de allí se han desarrollado todas las demás, ya sea como una extensión del propio realismo o como una reacción en contra. Admiro la escuela brechtiana y su sentido de precisión y economía en el manejo del espectáculo teatral. Igualmente las formas del grotesco y sus variantes como el esperpento de Valle Inclan que de alguna manera han evolucionado de la farsa.
Edwin Cedeño: Lo más cercano a cine que he hecho ha sido video documentales y producción publicitaria. He trabajado como director de arte, coordinador de producción y asistente de director para macro proyectos en formato de cine.