Panamá puede gritar con orgullo que 45 de sus hijos han llegado al béisbol de las Grandes Ligas.
Ha sido más fácil producir pilotos de barcos en el Canal de Panamá y cirujanos especialistas, que peloteros con sellos de Grandes Ligas.
Hoy, tras el final de la serie regular, como buenos hijos regresan a la patria que los vio nacer. Los primeros en reportarse fueron los coclesanos Carlos Lee y Davis Romero, dos figuras diferentes, uno consolidado en el mejor mercado de la pelota mundial y otro en ascenso, con ilusiones, esperanzas y la satisfacción personal de haber vencido a los Yankees de Nueva York en el 2006.
Lee ofreció una conferencia de prensa en un lujoso hotel de la ciudad capital y Romero atendió a los periodistas por sorpresa en el terminal aéreo de Tocumen. Lee viajó en su lujoso BMW, escoltado por una Toyota Prado y una Land Crusier Toyota. Romero montó sus maletas en su "chiva" de la ruta Panamá-Aguadulce y viajó junto a sus familiares cercanos.
Lee es el presente de un luchador, incansable, sostenido y consistente en su faena como pelotero. ¡Grande entre los grandes! Un pelotero de alto volumen con el madero.
Davis Romero el futuro de un soñador. Aguerrido, corajudo, trabajador y con la mente puesta en el trabajo.
El presente y el futuro juntos, el pasado, el mismo: persistentes peloteros nacidos en nuestra campiña interiorana, con ansias de triunfos y corazón de titanes.
¡Viva el béisbol!