Como en casi todos los momentos de grandes proezas, Irving Saladino le puso un toque de misterio y suspenso a la final olímpica del salto de longitud que se celebró en el Estadio Nacional de China, el llamado "Nido de Pájaros", coliseo que a partir de este 18 de agosto, ha pasado a formar parte de nuestra memoria colectiva.
Tras fallar en su primer intento, Saladino tuvo que ajustar para ir de menos a más, camino hacia la cima dorada.
Ngonidzashe Makusha, de Zimbaue, se había puesto adelante en su primer intento, pero en la segunda ronda, el hijo de Colón se fue adelante con un humilde 8,21.
Saladino nuevamente se iría abajo en la clasificación cuando el sudafricano Godfrey Khotso Mokoena marcó 8,24 en la tercera ronda, pero grande como siempre, el panameño le respondería inmediatamente, al extenderse sobre los 8 metros 34 centímetros, suficiente para hacerse con el tan anhelado primer disco de oro para Panamá.
Quizá no fue el mejor "perfomance", sí, pero para este pueblo acostumbrado a las decepciones deportivas, el de Saladino fue un salto histórico, exquisito, digno de enmarcar en lo más profundo del alma, en el altar de los recuerdos imborrables de la Patria pequeña.
Mokoena se quedó con la presea de plata y el cubano Ibrahim Camejo se colgó la de bronce.
Próximo objetivo:
acabar con el récord del mundo. El número uno del salto largo explicó a la agencia EFE que "no ha sido el mejor salto de mi vida, pero con 8,34 bastó para ganar la medalla de oro, así que fue un buen salto. Un Mundial (de fútbol) se gana por 1-0 y de penalti. Esto es casi lo mismo".
"Esta es una medalla para Panamá y para toda Latinoamérica, incluida Cuba", añadió el nuevo campeón olímpico.
El saltador se mostró conmovido por la presencia de Roberto "Mano de Piedra" Durán, quien a todo momento lo alentó desde las gradas.
"Eso me motivó. Para mí fue un orgullo que un ídolo como él me diga eso", señaló.
En tanto, el saltador comentó a la agencia AP: "Mi próximo objetivo es romper el récord mundial, para eso me voy a preparar con todo. Creo que necesito saltar 9 metros, aunque con 8.96 estaría bien", señaló sonriendo. "Si salto eso, el récord está roto".
Mike Powell, el legendario ex atleta estadounidense, es el dueño del récord mundial. Éste está fijado en 8 metros, 95 centímetros y fue establecido en 1991 en la ciudad de Tokio, Japón.
"No estoy conforme con lo que hice, pero sí estoy muy alegre por mi Panamá y por toda América Latina", acotó.
Es así, esta historia termina como los cuentos de hadas. Con una medalla linda conseguida en una noche de verano, de ilusión, en la milenaria China, aquel país de historias interminables e increíbles, como la de Irving Saladino.