Unos diez mil indígenas desmontaron este sábado un campamento que fue su cuartel general y abandonaron los castros amargados y un sentimiento de frustración por considerarse "traicionados" luego que en la víspera, por primera vez, acariciaron el poder en Ecuador durante unas pocas horas.
Los indígenas, que fueron protagonistas centrales de la convulsión vivida en las últimas horas en esta nación andina, treparon a decenas de autobuses y dejaron el céntrico parque El Arbolito donde vivieron durante los últimos días en medio de advertencias y arengas de que "la lucha recién empieza".
En distintos tonos, dirigentes intermedios y gente de base se quejaban de que una vez más fueron engañados "por los banqueros, la plutocracia y la cúpula de las Fuerzas Armadas".
El sentimiento general que exteriorizaban era que si bien lograron la "caída de Mahuad", quien lo reemplaza, el ahora presidente Gustavo Noboa, representa "la continuidad".
Anunciaron que tan pronto lleguen a sus comunidades pondrán en ejecución un plan de interrupción y bloqueo de carreteras, así como acciones para desabastecer de alimentos a las ciudades, principalmente a Quito y Guayaquil.
La consigna había sido adoptada al amanecer del sábado en una reunión en el Agora de la Cultura, adyacente al parque, entre los dirigentes de los gremios indígenas, como la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE).
Los dirigentes optaron por pasar a una semiclandestinidad ante la posibilidad de ser arrestados como promotores de la asonada golpista del viernes, especialmente Antonio Vargas, el indiscutible líder de los aborígenes.
En una sucesión de hechos que se produjeron con inusitada rapidez y que mantuvieron en vilo a los ecuatorianos y al mundo, Vargas integró primero la Junta de Salvación Nacional, luego un triunvirato que se autoproclamó como nuevo gobierno y finalmente quedó excluido de la solución que zanjó la crisis.
Durante unas pocas horas, los indígenas ecuatorianos estuvieron más cerca que nunca del poder, después de varios días de un movimiento que por momentos llegó a parecer aislado del resto de la sociedad.
El martes habían llegado por oleadas desde el norte y sur del país, con aprestos insurreccionales, para ocupar un céntrico parque donde armaron "fogones" (ollas comunes) que les sirvieron además de estufas para las frías noches quiteñas, mientras dormían a la intemperie. El viernes, tomaron por asalto el Congreso.
Al mediodía del sábado, en pequeños círculos, dirigentes intermedios y nativos de base se preguntaban mientras recogían sus pertenencias: "¿de dónde vino la traición?"
Jorge de la Torre, de la Federación Indígena Campesina de Imbabura, acusó al general Carlos Mendoza, jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, de "traicionar al pueblo".
Mendoza fue uno de los triunviros, pero luego desistió de su actitud y facilitó la designación de Noboa como nuevo mandatario.
"Tenía un compromiso con el pueblo pero lo incumplió", se quejó De la Torre, un dirigente de la comunidad de los otavalos, que se localiza a unos 80 km al norte de Quito.
Juan Guatemal, otro mando intermedio, de la zona andina, se mostró desalentado pero dijo que la experiencia les dará nuevos bríos para emprender otras luchas. "Se vienen medidas más fuertes", advirtió.
Diversos analistas indicaban que probablemente uno de los aspectos positivos de la lucha indígena es la formación hace unos quince días de lo que se califica como un Congreso paralelo, llamado "Parlamento Nacional de los Pueblos del Ecuador", al que se le asigna un carácter ético el cual que podría servir como un contrapeso moral al parlamento oficial.
Entre tanto, luego de haber estado cerca del poder, "los dirigentes están ahora a buen recaudo", respondían los indígenas cuando se preguntaba por sus líderes nacionales.
Tras la partida de los indígenas, el parque El Arbolito, que fue su cuartel general en medio de la capital ecuatoriana, comenzaba a recuperar un ambiente de normalidad de donde equipos de limpieza retiraban maderas humeantes y gran cantidad de desperdicios.
NO COLABORARAN CON NOBOA
Por otra parte, el presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), Antonio Vargas anunció ayer que no colaborarán con el nuevo gobierno del presidente Gustavo Noboa y señaló que "nosotros lo desconoceremos".
"Los indígenas desconocemos todo. El pueblo indígena jamás va a reconocer como presidente a Noboa", dijo Vargas en diálogo con la