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Un taller de poesía


En un taller “el verso nace de las profundidades del corazón o de las cimas de la inteligencia, también florece al nivel de lo cotidiano, a la altura de la sonrisa con un aire deportivo y juguetón”.

Allí, con sol o lluvia, varias veces hicimos borrón y cuenta nueva con las palabras, nos dimos cuenta de qué era verdaderamente poesía, algunos entendieron que debieron ser bomberos o abrazar otro oficio…

Allí nos enredamos con las rimas, los retruécanos, la anáfora que se hizo famosa como herramienta de trabajo… con creatividad tratamos de acercarnos a las complejidades del soneto, el endecasílabo, a los versos de arte menor, a la décima, y, por supuesto, al verso libre. Debo decir que al facilitador no le fue muy fácil al principio, pero con los días se fue fortaleciendo el contenido de los talleres y, por consiguiente, el colectivo de jóvenes.

 

El que más edad tenía, tendría unos 20 años, recién cumplidos. Éramos un país más derrotado que vencido pero aprendimos a convertir el revés en acierto.

Veníamos de lo que había quedado de la década anterior. La llamada crisis y la invasión había puesto a todos, me refiero al país, pecho a tierra. Nuestro grupo era, a todas luces heterogéneo ideológicamente, había militantes estudiantiles de izquierda, defensores de la cruzada civilista, de derecha, gente sencilla, funcionarios destituidos, batallones de la dignidad, funcionarios de embajadas y de oficios variopintos: biólogos, químicos, estudiantes de música, de inglés, de derecho, de periodismo, publicidad, comerciantes, educadores, cocineros, funcionarios públicos. Esa diferencia hizo la diferencia. En el tiempo que nos separa desde aquel entonces hasta este presente, hemos acumulado una buena cantidad de libros y galardones…

Por el Tual pasaron aproximadamente unas 50 personas. Iban y venían, algunos muy susceptibles, no resistieron el rigor de las consignas y las tareas, otros se sintieron que ya estaban cocinados y se fueron a vender su producto, algunos aceptaron con humildad que eso no era lo suyo, y colgaron los hábitos.

 

Con los pocos que sobrevivieron se hizo “Nosotros los de entonces”. Cada uno llegó al taller con su experiencia a aportarle al colectivo. Porque mentiría si no digo que fue mucho más lo que aprendí de ese compartir de lo que, con mis modestos conocimientos, pude enseñar. Pero la vida, dice Ortega y Gasset, “...es algo que se hace hacia adelante” y cada uno siguió su camino.


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500051
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América