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Una boda que no se realizó


El vestido de novia lo elegirían cuando "El Rockero" volviera. Los recordatorios, las invitaciones y los anillos estaban listos, sólo faltaba su regreso. Eso narró Jennifer Vásquez, de 17 años, quien aún no se recupera de la pérdida de quien pronto sería su esposo.
Sus expresivos ojos "achinados" lucían hinchados. Habían llorado incesantemente desde que conocieron la fatal noticia, durante su horario escolar en las aulas de Comercio Bilingüe del Richard Newman, este lunes a eso de las 4:00 de la tarde.
"Antes de irse él habló con mi mamá y le dijo que cuando regresara se casaría conmigo. Hasta le había pedido a mi mamá que limpiara la casa de Chorrera", expresó Jennifer y su rostro se desencaja de inmediato, antecediendo a un amargo llanto.
Y es que Pedro Alcázar, de 23 años, se había asegurado, hace poco, de preparar la residencia en La Chorrera a la que se iría a vivir con su prometida, con la que pronto cumpliría cuatro años de novio.
"Yo lo ayudé mucho a que cambiara y no me importó que él ya tuviera hijos de otras relaciones", dijo la joven, quien a pesar de la gran responsabilidad que asumiría próximamente, conservaba en su rostro el candor de su corta edad.
Ese sábado, previo al combate con el mexicano Montiel, Jennifer se despidió de "El Rockero" en el aeropuerto, muy temprano en la mañana, cuando le exigió: "espérame con una buena comida".
Para este momento de la entrevista habían transcurrido varios minutos y Jennifer, pañuelo en mano, parecía enfrentar a golpes, como lo haría su novio, esos minutos de tristeza y llanto que la embargaban. Logró reponerse y siguió removiendo esos recuerdos que asegura "llevará por siempre", mientras contaba que "Pedro era muy alegre y cariñoso".
Pero a pesar de su honda herida, la invadía brevemente el orgullo de que "él siempre se sentía seguro de ganar, era un gran campeón, por lo que siempre le pedía a Dios que lo cuidara".
"Mi sueño era hacerlo muy feliz cuando nos casáramos y ahora no se va a poder... ya no", señala Jennifer y vuelve a envolverse en llanto. Su madre, Edith, la contemplaba cerca, queriendo como dijo después "apaciguar esa tristeza".
Durante su último día en Panamá "El Rockero" había reiterado a Edith, en el restaurante del hotel donde se alojaba durante su entrenamiento, el compromiso de desposar a su hija y "hacerla feliz porque la familia que no tuve, la quiero tener con Jennifer".
"El no tenía vicios sólo el deporte", lo que se había encargado de confirmar la joven a cada minuto, asegurando que "cuando entrenaba se veían poco, sólo hablaban por teléfono".
Pero, esa noche, Pedro, también logró sembrar en Edith y su hija una irremediable sensación de incertidumbre, pues les dijo "cuando me muera no me lloren y por favor, quiero que me velen en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días".
El boxeador se había bautizado el 31 de marzo del 2000 en la iglesia mormona, como consta en un certificado que nos mostró Edith. "Yo traté de cambiar el tema pero él insistía en hablar de si se moría y eso nos inquietó bastante", añadió.
Por una inexplicable razón "El Rockero" estaba triste, pensativo "con el cuerpo aquí y la mente en otro lado", recuerda quien sería su suegra y Carlos, un amigo con quien el púgil compartió el cuarto, coincidió con ella.
"El día antes de irse me dijo me voy y ya no voy a volver", mencionó Carlos, mientras se llevaba la mano a la cabeza y expresaba "pero nunca me imaginé que le pasaría algo así".
Henry, el padre de Jennifer, escuchó a Edith y la mayor de sus ocho hijos, hablar durante la entrevista. Poco después le correspondió el turno y lo aprovechó para exaltar la humildad y sencillez que siempre distinguieron al boxeador.
Y aunque se dice que los hombres no lloran, Henry hizo caso omiso de esta premisa y recordó "Pedro nunca cumplió su sueño de hacer un comedor para los niños pobres y eso nos duele mucho"...


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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