Acompañado de su esposa, Vanessa, Koby Bryant no le quedó otra que admitir que fue infiel. Sin embargo, negó rotundamente los cargos de "asalto sexual", tras ser acusado de violar a una joven de 19 años, empañando de paso la deteriorada imagen de la NBA, que atraviesa el peor momento en dos décadas en cuanto al interés deportivo de los aficionados.
Bryant no sólo ha perjudicado la liga de baloncesto estadounidense, que trabajaba en considerarlo entre los aspirantes a ocupar el puesto de Michael Jordan, sino que además ha puesto en peligro su futuro deportivo y comercial.
Eso realmente importa poco, pues lo peor es que la fiscalía del condado Eagle de Colorado tiene suficientes pruebas para mandar al jugador a la cárcel por un mínimo de 4 años y un máximo de prisión de por vida.
El jugador de Los Angeles Lakers, en una breve conferencia y totalmente arrepentido dijo: "Debo disculparme ante mi esposa y mi Dios por mis acciones de esa noche y rezo para que ambos me perdonen". "Tengo mucho por lo que vivir, y con esto no me refiero a los contratos, el dinero o la fama. Me refiero a mi familia. Pelearé por ella", destacó.
En otras dimensiones, le ocurrió algo parecido a Magic Johnson. Tuvo que admitir que fue contagiado de SIDA en una de tantas relaciones extramaritales. Su esposa, igual que la de Bryant, estuvo presente para apoyarlo, hasta en la decisión de dejar de jugar en la NBA.
Obviamente los principios de apoyo familiar en ambos casos estuvieron presentes,…pero qué pueden decir de su reflejo ante la sociedad, en donde tienen, por norma de su liga, que orientar a los jóvenes, ayudar a los necesitados, impartir clínicas, decir no a la droga, alcohol y a las malas costumbres.
La NBA se está convirtiendo en un nido de inadaptados que piensan que el silencio lo pueden comprar con sus millones. Para colmo, una semana antes del caso Bryant, Damon Stoudamire, de Portland, y Darrell Armstrong, de Orlando, también dieron de qué hablar.
Stoudamire, el base de los Trail Blazers, fue detenido por tercera vez con posesión de marihuana, ahora cuando iba a abordar un avión en Phoenix y las autoridades lo descubrieron con 40 gramos de droga. Mientras, Armstrong fue detenido a las afueras de un club tras agredir a una mujer policía.
En todos los niveles del deporte hay escándalos. Ninguno puede arrojar la primera piedra, pero la NBA ha procurado desde sus inicios que sus jugadores sean personas con estudios y grandes principios. A eso se debe que siempre estén ayudando a la comunidad internacional.
Lo que se profesa se debe cumplir, sino para qué hablar. La familia debe estar primero, después lo material; y las lecciones de humildad no deben ser para tapar los errores de los deportistas.
Koby, pese a su arrepentimiento familiar, tendrá que pasar en agosto ante los tribunales; mientras la NBA, que debe comenzar a dar sanciones ejemplares, esperará hasta que se tome una decisión legal, para actuar.