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Una noticia muy triste

“No soy más que aire y fuego” Shakespeare La noticia más triste que he


“No soy más que aire y fuego” Shakespeare

La noticia más triste que he leído en los últimos años (llegó a mis ojos hará unas tres semanas y todavía me inunda su tristeza). Fue en el Clarín de Buenos Aires, para más señas en Ñ, su revista de Cultura. Nos habla de Nagoro, pequeño pueblo en Japón, donde sólo quedan 25 habitantes. La población del pueblo ha ido reduciéndose por la filosa guadaña de la muerte. Pero hay quien no se resigna y lucha contra ella como puede. La guerrera es Tsukimi Ayano, 65 años, se había ido del pueblo pero volvió para cuidar a su padre, de 85. No resiste la ausencia humana que asola al pueblo. Ha tomado muy en serio repoblar su sitio. Reemplazó a la gente con muñecos. Se me eriza el cuerpo. Desde Panamá agradezco su lección de valentía y amor. El artículo venía acompañado de una fotografía de la escuela, donde la maestra-muñeca ante el tablero, le habla a los muñequitos-estudiantes. ¡Maldición, cómo pueden dejar sola a la valiente Tsukimi! Tragedia pura. Hay un corazoncito y un triángulo dibujados en el tablero y otra palabra que, por supuesto, no entiendo. La muñeca-maestra está seria (no podría ser de otro modo). Unos de los alumnos en clásico uniforme de blusa marinera; otros lucen gorras de béisbol. Una es tan pequeña, que a duras penas alcanza con la nariz el filo del pupitre. El día resplandece afuera, en el interior hay un brillo vital. Ojalá cobraran vida los muñecos.

Qué desazón debe producir esto en las lujosas salas del gobierno.

Con melancolía nos dice la periodista Patricia Kolesnicov que “Nagoro es un pueblo japonés tramitando su muerte.” Y finaliza con esta sentencia fúnebre: “Ya hay más muñecos que personas en Nagoro y es que corren con ventaja: ellos son cada vez más, los humanos no pueden parar de morir.”

Tsukimi tiene un arma poderosa contra la muerte: la creación. Ella es dios en su pueblo, así quede sola entre muñecos, habrá dado vida y esperanzas. De buena gana me iría a Nagoro y me sentaría con los muñecos que esperan un bus que no vendrá, o en el campo de juegos a mirar a los ausentes jugadores y, sobre todo, iría a clases a escuchar a esa grave maestra que trata de inculcar su amor a la vida.


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960574
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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