P ermitir el ingreso de homosexuales y de tatuados y perforados en una institución que tiene que ver con la seguridad del país, es señal de que habrá que entrar a un debate sin fin. Lo siguiente, no me lo invento ni lo critico. En base a investigaciones y estudios serios se dice que entre los hombres homosexuales se da el mayor número de contactos sexuales posible en comparación con los diversos tipos de parejas. El homosexual no puede desarrollar una conducta sexual normal aunque se lo proponga, puesto que aún logrando realizar actos heterosexuales difícilmente eliminará sus más profundos deseos homosexuales. Las prácticas homosexuales están más vinculadas con la imperiosa necesidad de una descarga sexual que con la libre elección de su objeto amoroso, es decir el comportamiento habitual de ellos y lo que esto implica cuando se encuentran en contacto permanente con grupos con características como la Policía, Ejército, etc. Lo importante es que la persona aprenda a dominar o controlar sus impulsos sexuales para evitar la promiscuidad. En la vida no podemos hacer todo lo que nos apetece. Hacemos lo que hay que hacer, y cuando hay que hacerlo. El apetito sexual no es la suprema norma de conducta.
A nuestro instinto sexual le apetecen muchas cosas que no podemos hacer. El apetito hay que subordinarlo a un orden superior. No se trata de poner al apetito sexual una camisa de fuerza, sino de encauzarlo para que cumpla su finalidad. El instinto sexual encauzado es fuente de vida y de amor, pero si se desborda esclaviza al hombre, lo animaliza y lo lleva a las perversiones sexuales más monstruosas. El hombre que sólo ansía sensaciones placenteras, para colmar su ansia de satisfacciones, se convierte en un obseso de acumular placeres de forma egoísta y de tristes consecuencias.
Los orígenes del fenómeno en las personas que se descubren "constitucionalmente" homosexuales, no son del todo claros; hay varias hipótesis. La más plausible indica que si bien puede haber predisposiciones orgánicas y funcionales, el origen más claro se remonta generalmente a una intrincada red de relaciones afectivas y sociales. Han sido estudiados los eventuales factores hereditarios, sociológicos, e incluso hormonales; pero de todos, el más influyente parece ser el clima educativo familiar, especialmente en el período que va de los 6 a los 12 años. El homosexual de nacimiento que domina su tendencia y no es corruptor del ambiente, pervertidor de menores o escandaloso público, no hay por qué considerarlo como peligro social. La peligrosidad social no depende de lo que la persona es, sino de lo que hace. El homosexual de nacimiento es tan responsable de su tendencia, como lo puede ser de su defecto el miope o el tartamudo.
Ser comprensivo con los homosexuales, que luchan por dominarse, no es justificar su actuación homosexual. Una cosa es aceptar a la persona, y otra aprobar su comportamiento. El homosexual tiene que dominar su tendencia, lo mismo que el heterosexual, que no puede irse con todas las mujeres que le apetecen. Si el homosexual tiene derecho a vivir como él es, y no como debe ser, lo mismo podríamos decir del ladrón y del asesino. El hombre debe acomodar su conducta a los auténticos valores humanos. Una cosa son los homosexuales y sus derechos civiles como personas y ciudadanos, y otra distinta la aceptación ética y moral de su comportamiento. La moralidad de los actos humanos no depende de mayorías o minorías, de lo que a cada uno apetece o conviene, sino de lo que objetivamente está ordenado por Dios. Una táctica asumida por los movimientos homosexuales es la de culpar de discriminación a cuantos resisten a sus campañas pretendiendo "sexo libre" e igualdad absoluta para aspirar a cualquier cargo o función en la sociedad. Lo que caracteriza al homosexual no es haber tenido más o menos contactos homosexuales, sino la tendencia hacia las personas del mismo sexo y la consiguiente repugnancia hacia la relación heterosexual.
Harrington, homosexual de 30 años se convirtió en policía en el año 2002. Trabaja en el distrito 75 de Brooklyn, una de las comisarías más conflictivas de los cinco condados. "Me humillan y me dan labores propias de reclutas". Interpuso una demanda en la corte estatal porque comenzó a sufrir de dolores estomacales, vómitos y náuseas como resultado de los altos niveles de estrés que sufre por el ambiente hostil que le han creado en su trabajo.
Desde los años cuarenta a los homosexuales les estaba prohibido servir en el ejército de EE.UU. Después de que Bill Clinton prometiera en las elecciones presidenciales de 1992 que iba a permitir el servicio militar para homosexuales, llegó a un acuerdo con los mandos militares en 1993, tras largas negociaciones, con la política «Don't ask, don't tell» («No preguntes, no digas»). Desde entonces los homosexuales pueden servir en el ejército mientras oculten su condición sexual. Por otra parte, están protegidos de preguntas sobre su orientación sexual y de represalias. Muchos activistas homosexuales, que se habían peleado por la posibilidad de ser libremente homosexuales dentro del ejército, consideraron el compromiso como un retroceso.
Tatuajes.
En relación a los tatuajes y perforaciones en el cuerpo, desde la antigüedad su finalidad ha sido muy variada y enfocada a distintos factores como el religioso, social, psicológico, estético, sexual y por superstición. Estos procedimientos son peligrosos, sobre todo cuando son usados como escape que es el elemento preferente en esta práctica, debido a ciertos factores de conducta como: expresarse y rechazar la cultura en general e imponer su independencia de forma extrema, creen mejorar su imagen buscando su propia identidad, la automutilación es frecuente y es catalogada como una enfermedad psiquiátrica; es una forma de disminuir sus ansiedades y conflictos sintiendo que la autoculpa disminuye, les facilita el erotismo placentero con adicción al dolor y creen mejorar su vida espiritual al autoafligirse. Estas contradicciones, sin duda son representadas de mejor manera por parte de la juventud que pretende marcar la diferencia y hacerse notar sin medir las consecuencias.
La falta de seguridad en nuestro país se debe a muchos factores. La Policía Nacional está para brindar seguridad y protección y no en distraerse ahora con tener gente a su alrededor con adornos corporales y conductas sexuales inconexas. Me parece que una de las funciones del Ministro de Gobierno y Justicia y del Director de la Policía Nacionales es el de considerar a los uniformados como el elemento más valioso con que cuenta la institución y debe satisfacer las necesidades indispensables para su completa realización como seres humanos, brindándoles la oportunidad para el desarrollo y capacitación de los elementos humanos para que con ello participen mejor en esa institución y, por ende, en la sociedad dentro del orden de la moral y la integridad. En este contexto se logrará la participación con mayor calidad de la fuerza de trabajo. Lo primero es mejorar su calidad de vida. Todo lo que necesita el policía nuestro es que se le escuche, el contacto frecuente con su director y/o subdirector, con su familia inmediata llámese cónyuge e hijos, además de dictarle charlas para que entiendan la labor que ellos realizan, aliviarles la carga económica debido, muchísimas veces, por agiotistas y prestamistas, planes salariales adecuados, planes de bonificación basado en efectividad, alimentación adecuada pagada por la institución, entrenamiento físico adecuado, beneficios de cooperativas, comisariatos, facilidades de financiamiento para sus asuntos personales, mucha ayuda psicológica y motivación para realizar su trabajo. Me atrevo a decir que el 90 por ciento de los asociados de esa institución son personas leales a la misma. Con vocación de servicio a la patria, gente buena, con una educación académica que trata de ponerse al día con los últimos avances en materia académica.
Como miramos y actuamos, se nos es mirado y juzgado. Lo principal es la imagen que revela nuestra interioridad y respeto por los demás. Nos hemos acostumbrado a "una engañosa y disfrazada cultura", que nos seduce y manipula haciendo del hombre un tronco en la superficie del agua, llevado de aquí para allá por la corriente, sin rumbo fijo. Es importante señalar que todas nuestras acciones deben estar encaminadas a salvaguardar la integridad y la moral de los demás en primera instancia.
La cultura y las costumbres del panameño son únicas en comparación a otros países. Aquí la intolerancia, el irrespeto, la grosería y la falta de buenos modales hacen al panameño único en su especie. Para que el policía nuestro se acostumbre a estos cambios hay que erradicar la homofobia existente en una institución, donde priva el machismo y en que un homosexual deberá aprender a marcar su territorio a base de su personalidad y soportar lo que suceda. Por tanto, el hombre homosexual antes de ingresar a la fuerza pública debe exigir de parte de las autoridades que se le respete su integridad como persona siempre y cuando demuestre un comportamiento sexual discreto y reservado. Y, los uniformados heterosexuales a su vez exigir de los homosexuales uniformados el mismo respeto. Evitemos la promiscuidad sexual y el chantaje institucional en la fuerza pública.
Como suele suceder cuando hablo de la conducta de los homosexuales, alguno que otro escamado por mis artículos me pondrá de homofóbica de nuevo, y me acusará de esparcir prejuicios sobre el comportamiento de ellos, situación que me tiene sin el menor cuidado. A mis pacientes y amistades homosexuales, gracias por su comprensión cuando me refiero al tema.