El trombón y la armónica parece el título de un cuento, pero en realidad es un episodio aislado que se dio tras bastidores durante los recientes conciertos que presentó Rubén Blades en la Discoteca Latitud.
La cosa comenzó así: a Blades se le ocurrió traer, primero a Jimmy Bosch, un famoso trombonista desde la ciudad de Nueva York para que tocara con la orquesta de salsa que lo acompañaría. Fue la del panameño Roberto Delgado. Pero también me pidió traer directamente desde Guararé a Tito Pito González, un folclorista que se quedó en el tiempo de la cumbia de armónica. Bueno, durante cinco días me convertí en el productor de un conjunto de típico y ayudé a Blades a cumplir el deseo de rescatar esa música. Él siempre se preguntó que antes del acordeón debió existir un instrumento más barato y más popular como la armónica.
Pero eso no es lo medular de lo que quiero contar.
En la primera noche de concierto, tengo que aclarar que Tito Pito y el “Conjunto Guararé” encantaron al público, que se extendió durante tres noches seguidas. Bueno, cuando aquel primer día llegaron a la parte superior de la discoteca, allí estaban los músicos de salsa, aguardando el momento de bajar a la tarima en la gran sala contigua. Cuando se juntaron, la confianza de tener la misma profesión los unió.
En un rincón estaba Bosch con su trombón, quizás viendo incrédulo que Blades alternara con un grupo que tocara instrumentos tan básicos: Jorge Cruz interpreta la armónica y la churuca; Mancilla, una guitarra acústica; Jairo Díaz, un tambor artesanal que se llama caja; Chico Samaniego, un tambor; y Tito, un viejo de 67 años, al que considero un genio musical: la armónica.
En la segunda noche, cuando el “Conjunto Guararé” llegó nuevamente a aquel salón, ya había más confianza. Todos conocían ya del talento musical de cada uno. Pero en el tercer día ya había mucho respeto por Tito Pito y su gente. Jimmy Bosch saludó a Tito Pito con un beso en la mano con la que toca la armónica. Eso para mí fue una muestra de cariño y un homenaje a su talento, pero que viniera de un músico tan famoso me reveló que el trombonista era una persona especial. Si no conoce a Bosch, le sugiero que lo busque en internet, es parte de la historia de la salsa, famosísimo.
Para mí solo con su participación en el “Conjunto Libre” ya es un grande, ha acompañado a todo los famosos del género salsa y del “jazz”. Ahora recuerdo el afán con que me hablaba Blades cuando quería contratarlo para la publicitada gira de “Todos Vuelven” por las primeras ciudades de América. Tiene poder, tiene ritmo, hace pechadas antes de los conciertos y se entona con margaritas de tequila, o con un trago de cualquier bebida exótica que vea en el bar de turno. Después deleita a los espectadores con interpretaciones solistas extraordinarios. Yo lo vi en Puerto Rico y Panamá.
Esa última noche, mis músicos comenzaron a ensayar tocando muy quedamente sentados en un rincón, ahí fue que Jimmy, llevando su trombón, humildemente, se sentó con ellos y con éxito siguió la tonada de “Arroz con huevo”, una pieza que grabó Javier Cruz en su CD de cumbia armónica.
La magia llenó el salón, el trombón de Bosch, y la armónica de Cruz, Tito en las maracas y todos los demás comenzaron a tocar juntos. Un músico neoyorquino y cinco de Guararé se hermanaban con el poder de la música. Para mí fue muy emocionante. Y creo que para ellos también fue un momento que no olvidarán. Gracias a mi cámara fotográfica logré atrapar el momento y después contárselo a los lectores del Día D. Solo en un suplemento como este se pueden contar cosas como estas.