Las enseñanzas que nos ha dejado nuestra primera participación en un mundial de fútbol demuestran que prácticamente hemos empezado a construir la casa por el techo.
La realidad es que el fútbol panameño necesita cambios profundos encaminados a que los equipos se conviertan en verdaderos clubes y no en simples cascarones vacíos.
Es triste ver estadios vacíos y la culpa es de los dirigentes que no hacen nada para atraer a la fanaticada que, al final, es la que determina gran parte del éxito de todo espectáculo.
No podemos seguir cobrando entradas altas a los partidos de la Liga Panameña de Fútbol, que se pone en marcha el próximo 27 de julio; con esta práctica, están acabando con los pocos fieles que llegan a las gradas.
Los equipos deben tener iniciativas más convincentes para atraer a los fanáticos, pueden rifar bicicletas, televisores o cualquier artículo que les permita a los asistentes llevarse algo a casa después de ver un partido.
Tampoco puede mantener la LPF a muchos equipos en la capital, lo peor es que no suman fanáticos y eso es equivalente a arar en el mar.La dirigencia tiene que cambiar su mentalidad y enfocarse a crear el regionalismo, que es lo único que puede contribuir a lograr los objetivos de cimentar una base sólida que nos permita crecer como los otros países de la región centroamericana.
El éxito de Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Honduras y hasta Nicaragua es que el regionalismo crea competencia en la cancha y en las gradas, y con ello llegan los patrocinadores y todos se ven beneficiados.
La dirigencia en Panamá no ha contribuido en nada a que equipos como Atlético Chiriquí y Atlético Veragüense se mantengan en la primera categoría porque todos sabemos que cuando andan bien, llenan los estadios.
No podemos seguir apadrinando equipos que no llevan a los estadios ni a la familia de los jugadores. Señores, simplemente tenemos que soltar esos grilletes que no nos dejan avanzar, de lo contrario, seguiremos sumidos en la mediocridad y cultivando resultados negativos o dependiendo de algún jugador que destaque de vez en cuando.
Hay mucho que cambiar y dejar el conformismo a un lado.