De menos a más, el suizo Roger Federer, número 1 del mundo, remontó ayer en la Copa Masters de Londres al español Fernando Verdasco, que arrancó el duelo con un gran tenis para venirse abajo en el tercer parcial, y al que el helvético logró derrotar por 4-6, 7-5 y 6-1 en 1 hora y 59 minutos.
En un reñidísimo pulso de este arranque de “todos contra todos” en el “02” londinense, fue finalmente el helvético el que logró decir la última palabra en el torneo de Maestros.
Verdasco, un hombre que hace un par de días aseguraba que al estar en este torneo cumplía “un sueño de niño”, no pudo haber arrancado de manera más prometedora.
El séptimo del mundo lanzó un temprano aviso al favorito, al que inquietó desde la primera bola.
Sacó el helvético, pero era el jugador español el que convertía los puntos hasta llegar a un 0-40 ante un Federer, que a medida que corría el reloj se revolvía en su parte de la cancha cada vez más incómodo y que claudicó en este primer juego.
Tras confirmar la rotura de servicio, Verdasco, con un saque demoledor y un gran nivel, se anotó sin problemas el segundo juego de un parcial que cayó del lado del jugador español, quien erró muchísimo menos que el helvético -8 errores no forzados frente a los 15 de Federer- por 6-4.
Y mientras, los asistentes al “02” apoyaban por igual a ambos jugadores al ritmo de los Rolling Stones, de Kings Of Leon o de Coldplay.
Lo cierto es que el de Basilea apenas tuvo opciones frente a la raqueta de su oponente, que en este primer parcial, que duró 38 minutos, ni siquiera le cedió una sola ocasión de perder su servicio.
Ante este revés en el marcador para el número 1, Federer quiso replicar. Empezó con fuerza el segundo set, con el primer juego en blanco para el suizo al que contestó a continuación el tenista de la “Armada” con idéntico resultado.
Fue un parcial más reñido que el anterior. Volvía a dejarse ver el Federer de siempre. El helvético se ponía las pilas y empezaba a plantar cara a la raqueta de un rival que le hacía sufrir. Iba en aumento decidido a igualar, pero Verdasco oponía una dura resistencia.